Como cada dos de septiembre, hoy conmemoramos un nuevo Día de Ceuta. Nuevo y muy diferente. De toda la historia de esta efeméride, estamos completamente seguros de que este año quizá sea el que la ciudadanía ceutí más lo necesite. Tradicionalmente, el Día de Ceuta se ha proyectado desde las administraciones como un acto profundamente institucional y, desgraciadamente, bastante alejado de la gente que lo dota de sentido. Una población que actualmente se cifra en 83.595 habitantes pero que, sin duda, cada uno tiene su propia forma de ser ceutí.
Como cada dos de septiembre, hoy conmemoramos un nuevo Día de Ceuta. Nuevo y muy diferente. De toda la historia de esta efeméride, estamos completamente seguros de que este año quizá sea el que la ciudadanía ceutí más lo necesite. Tradicionalmente, el Día de Ceuta se ha proyectado desde las administraciones como un acto profundamente institucional y, desgraciadamente, bastante alejado de la gente que lo dota de sentido. Una población que actualmente se cifra en 83.595 habitantes pero que, sin duda, cada uno tiene su propia forma de ser ceutí.
Y si en vez de números, hablamos de personas, esa cifra se termina elevando a su máxima potencia. Cada uno de esos habitantes son el fruto de padres y madres, abuelos y abuelas, y todo un árbol genealógico que ha construido la Ceuta que hoy conocemos. Es ahí donde reside nuestra riqueza, independientemente de ser musulmanes, cristianos, hebreos o hindúes. Porque quien quiere convivir, convive, y quien no quiere convivir, simplemente coexiste. Pero siempre desde el respeto.
Por eso, este año el Día de Ceuta será mucho más que una sucesión de actos enmarcados entre las cuatro paredes del Teatro Auditorio del Revellín que abrirá sus puertas a las 12:00 horas del mediodía, será mucho más que el desfile de personalidades invitadas a la cita, será mucho más que la banda sonora elegida para la ocasión.
Porque el Día de Ceuta este año ha comenzado mucho antes. Lo hemos visto de la mano de nuestra gente, uniéndose para mostrar su apoyo en las distintas barriadas de la ciudad. Lo vemos cada vez que nuestros paisanos se emocionan cantando el himno de Ceuta o gritando que Ceuta no se vende, se defiende. También lo estamos viendo en las distintas convocatorias de gente sencilla a lo ancho y largo de todo el territorio español que busca su forma de mostrar su apoyo a nuestro pueblo. Y lo estamos viendo, por supuesto, en aquellos que se están preparando en estos momentos para expresar su sentir en la gran manifestación del día 2 de septiembre que parte a las 19:00 horas desde las Murallas Reales para reivindicar a los cuatro vientos la españolidad de Ceuta.
Es una realidad incuestionable que durante estas últimas semanas la ciudadanía ceutí ha vuelto a demostrar tener una altura de miras muy por encima de la que el Gobierno de la Nación está teniendo para gestionar un problema que no es de Ceuta, sino que también es de España y de Europa.
Y es por eso mismo que como formación localista, desde el Movimiento por la Dignidad y la Ciudadanía, comprendemos perfectamente cada uno de los sentimientos de frustración e impotencia que están experimentando los y las ceutíes que ven la ausencia de empatía, la falta de voluntad política, la incapacidad y la inacción para gestionar un problema que trasciende lo político y social desde un despacho en Madrid, desde el Palacio de la Moncloa y desde el Congreso de los Diputados.
Y a pesar de que hay quienes han intentado colarse en las grietas de la desinformación para fragmentar nuestra convivencia a base de violencia y odio, la unidad de la sociedad ceutí ha prevalecido. ¿Serán capaces las formaciones de implantación nacional de ponerse de acuerdo para poner solución a un problema que ha atravesado por completo la rutina de la ciudadanía ceutí o seguirán utilizándolo?
Por eso y mucho más el MDyC estará esta tarde donde tiene que estar, con el pueblo de Ceuta y manifestándose por Ceuta.
