Cartas al Director
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Cuando se trata este nivel asistencial automáticamente se menciona como indicador simbólico global el de las listas de espera y ya en notas de prensa anteriores nos hemos preguntado si las listas de espera para atención especializada han desaparecido.

La asistencia a crónicos, pacientes oncológicos, personas pendientes de cualquier tipo de intervención quirúrgica no puede ser eclipsada por la pandemia. Es fundamental que el INGESA sea transparente y comunique la demora de cada especialidad y las decisiones tomadas en aras del afrontamiento del covid-19. En una anterior nota de prensa repasamos cómo los profesionales de todas las categorías laborales de la atención primaria estaban sufriendo esta crisis sanitaria. Hoy queremos exponer la realidad de la atención especializada.

Si hay un servicio crítico ahora mismo ese es la UCI: tiene 7 camas, tipo boxes que actualmente están dedicadas a los pacientes con COVID. Si están ocupadas 7 camas, la ocupación es del 100%. (Aunque el ministerio afirme que la ocupación es del 40% a causa de una interpretación bastante laxa de lo que serían camas de UCI). El plan de contingencia contempla el servicio de reanimación como una ampliación de la UCI, es algo lógico sin embargo también hay que decir que esa ampliación no ha ido acompañada de un aumento del número de facultativos, que atienden a los pacientes ingresados como intensivos. Esta modificación conlleva además consecuencias para los pacientes de cirugía mayor ya que la función de la reanimación es precisamente acoger a los pacientes que finalizan esa cirugía. (Conclusión: se programan menos intervenciones quirúrgicas, y el usuario tendrá que esperar más). La plantilla es de 6 intensivistas y hay 4 por diversos motivos (en nuestra opinión cicatería y falta de previsión). El déficit de intensivistas hace que la frecuencia con la que hacen guardias sea menor, lo que repercute en su descanso semanal, en el estrés y en el desgaste de estos profesionales. Se conculcan los derechos de los trabajadores en cuanto a sus descansos preceptivos, y pone en riesgo a los usuarios con facultativos agotados. Por si fuese poco en breve se va de traslado uno de los intensivistas y tendrán que recurrir, bien a facultativos de anestesia, bien a otros facultativos, con lo que se desviste un santo para vestir a otro. Esto es aplicable a enfermería, técnicos en cuidados de enfermería, celadores, etc. ¿se ha incrementado el número de enfermeros y demás personal para atender a pacientes de la UCI cuando se amplíe a esas teóricas 17 camas? La UCI trabaja además otras labores como son  las cardioversiones eléctricas y los marcapasos. Si no dan abasto, ¿cuándo se programarán las cardioversiones y los implantes?

Los servicios de quirófano y pruebas especiales también se ven afectados ya que los anestesistas son por afinidad los sustitutos naturales de los intensivistas y si llega el momento en que los anestesistas tienen que atender pacientes COVID por ampliarse la UCI (sin que ni siquiera esté cubierta la plantilla orgánica de intensivistas), no podrán además atender a sus propios pacientes: sin anestesistas no hay cirugías con anestesia general, lo que afecta tanto a cirugía, como a obstetricia, ORL, oftalmología, urología, traumatología, y pruebas endoscópicas que precisan sedación general.

La teleasistencia es una actividad con grandes límites en sanidad, la importancia de la valoración y atención directas hacen que esta modalidad de asistencia no sea práctica (aún menos si cabe en atención especializada) no ahorra tiempo ni es mejor (ni para el paciente ni para el facultativo). En la mayoría de las ocasiones, al paciente se le llama por teléfono para, finalmente, tener que programarle una cita física. Como durante un tiempo no han estado funcionando las consultas externas al ritmo habitual, existe una

Bolsa de revisiones, que se han eliminado administrativamente de un plumazo (se han inventado ahora la “primera visita universal”, pero la creación de “nuevos conceptos” no hace desaparecer la necesidad de atención que sigue estando ahí. EL INGESA no da la cara y se responsabiliza de esta situación, y quienes lo pagan son los trabajadores, que son quienes reciben las reclamaciones por la organización de la Dirección/Gerencia. No se han dado instrucciones precisas de cómo se tiene que desarrollar la teleasistencia (cada especialidad lo hace como puede, sin más medios ni humanos ni técnicos), ni se ha informado adecuadamente a la población de cómo se va a desarrollar este tipo de asistencia. Es obligación de la Dirección organizar y aportar instrucciones a sus trabajadores, y no “echarlos al ruedo sin capote”.

La detección de casos positivos pasa necesariamente por el laboratorio, sólo hay un microbiólogo y no han tomado medidas urgentes durante el confinamiento para contratar como sea otro microbiólogo. Se ha reforzado el servicio con algunos técnicos de laboratorio pero encadenando contratos (en precario sin ánimo de futura ampliación de personal). Por otro lado, el aparato de PCR es único, si se utiliza a destajo para COVID, no se tiene para el resto de PCRs que también son necesarias en la atención de otras enfermedades.

Tanto la Enfermería Técnicos en cuidados de enfermería, celadores, personal administrativo y lavandería están sobrecargados a todos los niveles en la mayoría de los servicios, y sin la excusa de que no hay disponible personal para contratar.

En el servicio de Urgencias Tanto el bloqueo de derivaciones, como la desastrosa situación en Atención Primaria, (en donde es una misión imposible para el paciente acceder a una cita, ni siquiera telefónica, con su Centro de salud), implican que progresivamente las urgencias hospitalarias y de primaria se van sobrecargando. A pesar de la que está cayendo, en servicio de urgencias del hospital universitario hay al menos 9 facultativos encadenando contratos en precario, de corta duración, otros tantos enfermeros y faltan, Técnicos en cuidados de enfermería, así como celadores De estas dos últimas categorías profesionales ni siquiera se cubre las vacantes que aparecen en la plantilla orgánica y todo esto habiendo personal disponible en bolsa para ser contratado.

En resumen: no han hechos los deberes, ni desde el INGESA en Madrid, ni lo gestores a nivel local. NO se aprovechó el confinamiento para fortalecer y organizar nuestro sistema sanitario para lo que sabíamos que se avecinaba. Con la segunda ola no pueden decir que es que “es una situación nueva e imprevisible”. No se puede decir ahora “no hay médicos” cuando ni siquiera se buscaron durante el confinamiento y la desescalada, y mientras, se ofertan contratos laborales en muchos casos inadmisibles, con el fin de ahorrar a cualquier precio. Faltan enfermeros, TCAE, celadores, auxiliares administrativos y de otras muchas categorías que habiendo personal disponible en bolsa de trabajo NO son contratados por la política cortoplacista, en cuanto a recursos humanos, aplica el ministerio de sanidad para nuestra ciudad. Hay que DEJAR CLARO QUE, EN ABSOLUTO, NINGÚN TRABAJADOR DEL INGESA ES EL RESPONSABLE DE ESTA SITUACIÓN. Es más, Este sindicato venía anunciando -desde hace años- la debacle que se aproximaba (tanto en Atención Primaria, como en Especializada, con la fuga constante de especialistas y la falta de enfermeros, auxiliares de enfermería, celadores, administrativos, etc., así como por las malas condiciones de trabajo, y los contratos precarios) que se ha visto anticipada y empeorada con la aparición de esta pandemia.

El personal del INGESA sufre junto con el usuario/paciente (porque, además, también es usuario y paciente además de trabajador) la mala gestión llevada a cabo, y ve con preocupación qué va a pasar si no se pone remedio de forma inmediata.

Por todo lo anterior, reiteramos nuestra petición de que cuando sientan que la atención es insuficiente o deficiente enfoquen sus quejas a los libros de reclamaciones no al compañero que hace lo posible para que un sistema con recursos insuficientes y en medio de una pandemia funcione. Por favor canalicen sus protestas a través de

Reclamaciones, prensa, pero sean conscientes de que nosotros no solo no somos los responsables del colapso de la sanidad de Ceuta, sino que también lo sufrimos.

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Ceuta, Lunes 30 de Noviembre del 2020

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