El Sindicato Médico de Ceuta ha dicho basta. Y no es para menos. Mientras el INGESA se esfuerza en pintar de color de rosa una realidad sanitaria que en Ceuta hace aguas por todos lados, los profesionales que sostienen el sistema siguen cargando con guardias interminables, servicios saturados y la frustración de ver cómo las promesas se repiten sin traducirse en hechos. No se puede vivir de titulares bonitos ni de visitas fugaces que se esfuman sin dejar mejoras reales.
El Sindicato Médico de Ceuta ha dicho basta. Y no es para menos. Mientras el INGESA se esfuerza en pintar de color de rosa una realidad sanitaria que en Ceuta hace aguas por todos lados, los profesionales que sostienen el sistema siguen cargando con guardias interminables, servicios saturados y la frustración de ver cómo las promesas se repiten sin traducirse en hechos. No se puede vivir de titulares bonitos ni de visitas fugaces que se esfuman sin dejar mejoras reales.
El hartazgo es evidente. El Sindicato ha salido a señalar lo que muchos ciudadanos ya perciben: que el discurso institucional está más centrado en el maquillaje que en la cirugía de fondo que necesita nuestra sanidad. Hablar de inversiones y proyectos mientras los médicos se marchan, las especialidades están infradotadas y los pacientes soportan listas de espera desesperantes, es como poner una tirita a una fractura.
Los médicos no piden milagros, piden condiciones dignas. Piden que el INGESA reconozca con hechos —y no con campañas— que Ceuta necesita un plan específico, con incentivos reales para atraer y retener profesionales, con una apuesta decidida por modernizar infraestructuras y reforzar plantillas. Lo contrario es seguir alimentando un sistema que se sostiene a duras penas por la vocación de quienes trabajan en él.
Resulta insultante que desde Madrid se pretenda vender una imagen de normalidad cuando en Ceuta falta lo esencial: recursos humanos, estabilidad y compromiso político. Y si la respuesta a las críticas del Sindicato Médico es más propaganda, entonces está claro que no han entendido nada.
Ya es hora de escuchar a quienes están dentro, de mirar la realidad sin filtros y de actuar en consecuencia. Porque una sanidad digna no se improvisa ni se vende en ruedas de prensa. Se construye con voluntad, inversión y respeto a quienes la sostienen cada día.

