Lo que se vivió el pasado martes por la tarde en el Parque Juan Carlos I, cuando llegaba el presidente del Gobierno a Ceuta, se puede catalogar como bochornoso, pero más bochornoso y vergonzoso fue ver allí al gerente de la empresa Obimace, un cargo político del Gobierno de Vivas, del Gobierno del PP, junto a la muchedumbre que se concentró en el parque y la emprendió a golpes, gritos, insultos, y escupitajos contra el presidente del Gobierno y el ministro del Interior, llegando incluso a abollarle la puerta del vehículo de una patada.
Lo que se vivió el pasado martes por la tarde en el Parque Juan Carlos I, cuando llegaba el presidente del Gobierno a Ceuta, se puede catalogar como bochornoso, pero más bochornoso y vergonzoso fue ver allí al gerente de la empresa Obimace, un cargo político del Gobierno de Vivas, del Gobierno del PP, junto a la muchedumbre que se concentró en el parque y la emprendió a golpes, gritos, insultos, y escupitajos contra el presidente del Gobierno y el ministro del Interior, llegando incluso a abollarle la puerta del vehículo de una patada.
El hecho en sí, por muy en desacuerdo que se esté con la gestión que realice o esté realizando el presidente del Gobierno, es ya muy vergonzoso, pero que encima entre esa muchedumbre se encuentre el gerente de una empresa municipal es para cesarlo de inmediato, tanto por sus actos como por sus constantes intentos de aprovecharse de un puesto para lograr sus propios intereses comerciales.
El Gobierno de la Ciudad no debe permanecer impasible, como siempre hace, ante este tipo de situación y debe cesar de inmediato a García Castañeda. Hay que tener pocas luces para, siendo un cargo público, acudir y estar presente en una manifestación violenta, como finalmente así se demostró, dejando a la Ciudad por los suelos, a los pies de los caballos. Pero claro, de donde no hay no se puede sacar, por mucho que se agite.

