¿Dónde quedaron aquellos sindicatos de Servilimpce que hablaban sin parar del famoso “pasillo maldito”? Porque, curiosamente, ahora que están ahí dentro, el eco es ensordecedor… pero por lo vacío. Antes había comunicados, rumores, filtraciones y hasta gestos dramáticos; hoy, nada de nada.
¿Dónde quedaron aquellos sindicatos de Servilimpce que hablaban sin parar del famoso “pasillo maldito”? Porque, curiosamente, ahora que están ahí dentro, el eco es ensordecedor… pero por lo vacío. Antes había comunicados, rumores, filtraciones y hasta gestos dramáticos; hoy, nada de nada.
CCOO y UNT, tan diligentes cuando tocaba señalar desde fuera, parecen haber perdido la voz al cruzar la puerta. Ya no hay prisas por llamar a la prensa, ni grabaciones oportunas, ni declaraciones encendidas. Será que el pasillo no era tan maldito, o que el silencio resulta más cómodo cuando el problema te roza de cerca.
La ironía es fina, pero evidente: lo que antes era escándalo ahora es discreción; lo que antes era denuncia hoy es prudente mutismo. Y no, no hablamos de responsabilidad institucional ni de tiempos de reflexión, hablamos de ese cambio de tono tan conveniente como sospechoso.
Una pena, la verdad. Porque el sindicalismo pierde credibilidad cuando se le apaga la voz justo cuando más falta hace. Y el “pasillo maldito”, al final, parece menos un lugar físico y más una metáfora del silencio en el que algunos han decidido instalarse.
