La Autopista Nacional
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Óscar Puente, exalcalde de Valladolid y ahora portavoz circunstancial del Gobierno, no deja pasar la oportunidad de exhibir esa actitud altanera que tanto le caracteriza. En esta ocasión, ha salido un defensor a Pedro Sánchez de las críticas del presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page, por el desafortunado comentario de que es el "puto amo". Pero lo que debería haber sido un debate interno o una reflexión política se ha convertido en otro espectáculo de prepotencia de Puente, quien no desaprovecha ninguna ocasión para demostrar que el fondo no es su punto fuerte.

Óscar Puente, exalcalde de Valladolid y ahora portavoz circunstancial del Gobierno, no deja pasar la oportunidad de exhibir esa actitud altanera que tanto le caracteriza. En esta ocasión, ha salido un defensor a Pedro Sánchez de las críticas del presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page, por el desafortunado comentario de que es el "puto amo". Pero lo que debería haber sido un debate interno o una reflexión política se ha convertido en otro espectáculo de prepotencia de Puente, quien no desaprovecha ninguna ocasión para demostrar que el fondo no es su punto fuerte.

Es curioso cómo Puente, tan hábil para repartir acusaciones y descalificaciones, no parece entender que la autocrítica es una virtud en política. Que García-Page critica abiertamente este tipo de expresiones no solo es legítimo, sino también necesario. Sin embargo, el portavoz prefirió ir a por la yugular, descalificando al líder castellano-manchego con un "lo debía decir en el Congreso". Un comentario cargado de ironía barata que solo refleja una defensa visceral del líder, más propia de un fiel escudero que de un portavoz gubernamental.

Lo más preocupante no es su estilo barriobajero, sino lo que simboliza: un Gobierno que parece haberse acostumbrado a la soberbia, a creer que las críticas son ataques ya defensor lo indefendible. Puente es el ejemplo más claro de esa política basada en la confrontación personal y el desprecio a las voces disidentes, incluso dentro del propio partido. Cuando el debate se reduce a ataques personales y frases altisonantes, el nivel de la política cae en picado.

No hay que olvidar, además, que este Gobierno, plagado de casos de corrupción y con decisiones cuestionables, tiene en Puente a uno de sus máximos exponentes de lo más bajuno. Su actitud no solo mancha su imagen personal, sino que también proyecta una sombra sobre el liderazgo de Sánchez, quien parece rodearse de perfiles más preocupados por aplastar críticas que por consensos.

Si algo necesita este país, y especialmente el PSOE, es un liderazgo más honesto y menos arrogante. Puente podría empezar por aprender a debatir con altura de miras y dejar de lado ese estilo chulesco que solo lo aleja de lo que debería representar: la dignidad de un cargo público. Hasta entonces, seguirá siendo un ejemplo de lo que no queremos en política.

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Ceuta, Miercoles 29 de Julio del 2026

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