Un hombre se ha sentado hoy en el banquillo de la Sala de lo Penal nº1 de Ceuta, acusado por presuntamente quebrantar la orden de alejamiento que le había sido interpuesta hacia su hija.
Un hombre se ha sentado hoy en el banquillo de la Sala de lo Penal nº1 de Ceuta, acusado por presuntamente quebrantar la orden de alejamiento que le había sido interpuesta hacia su hija.
El supuesto delito tuvo lugar el pasado 22 de diciembre de 2023, cuando el imputado, C.G. acudió al Hospital Clínico Universitario de Ceuta, donde tenía una consulta médica a las 13:15 horas. En la sala de espera coincidió con su expareja y la hija de ambos, quienes fueron llamadas por megafonía antes que él.
Según ha testificado visiblemente nerviosa la presunta víctima, L.G., “en la sala de espera nos encontramos a mi padre, pensamos que fue casualidad”. En ese momento se alejaron de donde él estaba sentado. “Cuando entramos en la consulta nos estaba mirando y cuando salimos ya no estaba”, ha señalado.
A continuación, al dirigirse al coche que habían aparcado en la explanada, “mientras bajamos la cuesta vimos que estaba intentando abrirlo, manipulándolo y acercándose a la ventanilla”. L.G. ha manifestado que en ese momento “pienso que no nos vio”, pero ambas mujeres no quisieron acercarse, por lo que decidieron mantenerse escondidas detrás de un coche.
“Él empezó a subir por la acera de enfrente subiendo y bajando, intimidándonos y nos dimos cuenta de que sí que nos estaba viendo”, ha afirmado la joven. Por ello, mientras permanecían detrás de un coche llamaron a la Policía Nacional para denunciar dos quebrantamientos de orden de alejamiento y le realizaron varias fotos con un teléfono móvil. “Hizo contacto visual, no paraba de subir y bajar todo el rato por la acera de enfrente mientras nos miraba y merodeaba cerca; pasamos miedo”, ha añadido L.G. En este sentido, ha asegurado que se encontraban a una distancia muy corta, de “menos de 20 metros”.
Además, ha destacado que su padre “tenía aparcada la moto justo en la puerta del hospital”, por lo que “no era necesario que se paseara hasta el coche”.
Al llegar la Policía ambas mujeres, que continuaban detrás de un vehículo para no ser vistas, mostraron una foto a los agentes y les indicaron que creían que el acusado “se había metido otra vez dentro del hospital”.
Esta misma versión la ha corroborado L.G.S., madre de la presunta víctima. En el hospital, ha recordado, “fue un encuentro casual y no se acercó a nosotras”. Sin embargo, al salir de la consulta “fuimos a por el coche y estaba él allí intentando abrirlo, mirando por el cristal; yo tuve miedo”, ha asegurado. Asimismo, ha testificado que si bien el coche es de C.G., “él sabe perfectamente que lo utilizo yo”. Según L.S. “cuando se dio cuenta de que estábamos quiso mirarnos, intimidarnos, ir hacia nosotras y fue entonces cuando mi hija llamó a la Policía”. Cuando los agentes llegaron, la declarante asegura que se encontraba “muy nerviosa”. “No me podía acercar a mi coche por miedo”, ha destacado.
La exmujer del acusado también ha atestiguado que la orden de alejamiento hacia ella ya no estaba en vigor, pero lo desconocía. “Estaba vigente por parte de mi hija, pero no de mí”, ha reconocido ante la defensa de C.G.
Por su parte, el imputado ha testificado que decidió acudir varios minutos antes a la cita con su médico “por si tenía un hueco”. Al llegar, asegura que se encontró un coche parecido al suyo (que utiliza L.S.) aparcado. “Subí a la consulta pensando que era mi coche, me acerqué a ver si era, lo confirmé y fui a mirar si estaba cerrado con llave porque si era así significaba que mi exmujer también estaba en el hospital”, ha explicado. Por ello, para “evitar” encontrarse a L.S. ha declarado que permaneció “paseando por la puerta”. Finalmente “me llamaron, pasé consulta, fui a la farmacia y allí me detuvo la Policía”, ha subrayado. Además, ante las preguntas de su defensa, ha destacado que “en ningún momento” se encontró con su exmujer y su hija. “No me las crucé”, ha insistido.
Denuncias anteriores
“¿A qué viene esta denuncia del 22 de septiembre de 2023?”, ha preguntado el letrado del acusado. “Tenía problemas con ella desde 2020, cuando se quiso divorciar de mí sin dar explicaciones y me puso una denuncia por divorcio”, ha respondido C.G. Posteriormente, ha indicado, “amplió la denuncia a malos tratos y mi hija me denunció por abuso sexual, pero he salido absuelto de todo”. De hecho, ha manifestado que el día que le “echaron de casa” y vio “que mis hijas se quedaban sin nada” empezó a enviarles “dinero en un sobre”. “Ese fue mi fallo”, se ha lamentado, ya que desde entonces le impusieron orden de alejamiento por malos tratos psicológicos.
Fiscalía y acusación particular
La pena solicitada para C.G. por el Ministerio Fiscal y la Acusación Particular es de 12 meses y 12 meses y multa de 6.000 euros, respectivamente. Así, Fiscalía ha señalado que, si bien ha quedado acreditado que el primer encuentro fue casual, “existe un segundo intencionado para atemorizarlas”. Según entiende la fiscal, el acusado “salió del hospital y se dedicó a dar paseos”, lo que “llama poderosamente la atención porque para evitar problemas se acerca al coche de ella”.
En este punto, ha explicado que “si no se había encontrado con ella, lo último que debería haber hecho era acercarse al coche”. Además, Fiscalía ha destacado que él “era plenamente conocedor de la orden de alejamiento” e incluso llegó a admitir en declaraciones anteriores que “no había obrado bien”. Él, ha recalcado la fiscal, “tenía intención de acercarse a ellas, sabía que estaban allí cuando las llamaron por megafonía y tuvo contacto visual”. Por todo ello, ha añadido, “no se trata solo de paseos arriba y abajo esperando a que le llaman en la consulta”, sino que “tenía plena intención de quebrantar la orden de alejamiento”.
Posteriormente la Acusación Particular se ha adherido a todo lo manifestado por la Fiscalía, afirmando que el acusado “era consciente de que la orden respecto a la hija estaba vigente y sus entradas y salidas fueron una clara intimidación hacia las dos”.
La defensa
Finalmente, la defensa de C.G. ha solicitado una sentencia absolutoria, al entender que “no hay prueba de cargo capaz de desvirtuar la presunción de inocencia de mi representado”. La prueba de cargo, ha explicado, “es la fotografía, que revela a un hombre paseando por una acera”. Asimismo, al letrado le “parece sorprendente que se diga que iba arriba y abajo y nunca sacaran una foto con actitud desafiante o mirando hacia ellas”.
Por otra parte, ha afirmado que “se falta a la verdad desde el inicio cuando se denuncian dos órdenes de alejamiento; una actuación deliberada para hacer daño”.
Además, ha sostenido que “el único delito” cometido por el imputado “es acercarse a su coche”. Su exmujer, ha añadido, “puede tener todo el miedo del mundo, pero no tiene orden de alejamiento”.
Por último, la defensa de C.G. ha afirmado que es “evidente que aquí todo nace porque la señora se quiere divorciar y como no quiere que su marido se acerque, le mete una denuncia por violencia y luego por quebrantamiento”. Por ello, el abogado ha subrayado que “todas las manifestaciones están bañadas de rencor” y ha recordado que “de todo ha salido absuelto”.
