El juicio por el asesinato de María de los Ángeles L., funcionaria judicial asesinada en marzo de 2022 en la barriada Parques de Ceuta, vivió este viernes una de sus jornadas clave con la comparecencia de los peritos de la defensa. El foco estuvo sobre dos rostros conocidos de los platós televisivos: el doctor José Cabrera, psiquiatra y médico forense habitual en programas como Cuarto Milenio u Horizonte, y el especialista en balística José Jiménez Planelles. Sin embargo, lejos de apuntalar la estrategia de la defensa, sus intervenciones sembraron más dudas que certezas.
El juicio por el asesinato de María de los Ángeles L., funcionaria judicial asesinada en marzo de 2022 en la barriada Parques de Ceuta, vivió este viernes una de sus jornadas clave con la comparecencia de los peritos de la defensa. El foco estuvo sobre dos rostros conocidos de los platós televisivos: el doctor José Cabrera, psiquiatra y médico forense habitual en programas como Cuarto Milenio u Horizonte, y el especialista en balística José Jiménez Planelles. Sin embargo, lejos de apuntalar la estrategia de la defensa, sus intervenciones sembraron más dudas que certezas.
La letrada del acusado, Inmaculada Guil, recurrió a estos expertos con el objetivo de trasladar al jurado popular la posibilidad de que el disparo que acabó con la vida de la víctima fuera efectuado accidentalmente por la hija del acusado, de entonces 17 años, durante un forcejeo con su padre, agente de la Policía Local.
Planelles, encargado del análisis balístico, mantuvo que no sería posible hallar restos de ADN de la menor en el gatillo y en la parte derecha del mango del arma si su padre la sostenía. La afirmación, apoyada en un vídeo reproducido en sala donde el perito ilustra su hipótesis empuñando una pistola, se tambaleó desde el primer instante por las incisivas preguntas de la Fiscalía.
La acusación no tardó en cuestionar su informe, subrayando la omisión de declaraciones clave de la menor en las que aseguraba haber visto a su padre disparar a su madre en la cocina. Además, los representantes del Ministerio Público recordaron que Planelles no está acreditado por la Entidad Nacional de Acreditación (ENAC) y que sus informes son de carácter privado y remunerado.
La tensión se palpaba en la sala. El perito, visiblemente incómodo, aseguró haber hecho “lo mejor posible” su trabajo, reiterando que “no se inventa nada” y que es “muy serio” en sus afirmaciones. Sin embargo, acabó matizando su tesis principal. “Yo nunca he dicho que la niña disparó”, afirmó, retrocediendo respecto a las afirmaciones recogidas en su informe pericial.
La intervención de la Policía Científica fue tajante. Según sus agentes, el hallazgo de ADN de la menor en el arma podía deberse a múltiples causas: desde el forcejeo, los gritos, su propia herida en la mano o cualquier forma de contaminación externa. “El problema es asumir que el momento del depósito de ADN coincide con el disparo”, advirtieron los expertos.
El instructor de tiro aportado por la Fiscalía reforzó esta visión, subrayando que se requiere experiencia, actitud y conocimiento para manipular un arma con la precisión necesaria para matar. El relato de la defensa, que dibujaba a una menor aterrada disparando por accidente, fue perdiendo fuerza.
Planelles insistió en que las huellas encontradas demuestran que la niña agarró la pistola, pero cuando fue preguntado directamente por si la empuñó o apretó el gatillo, se desmarcó. “No puedo decir si lo hizo o no”, se excusó, reiterando que su teoría se basa únicamente en indicios.
Durante su intervención, llegó a cuestionar por qué no se le realizaron pruebas de residuos de disparo (GSR) a la menor. Un agente respondió que desde el primer momento se la trató como víctima, nunca como sospechosa, y que no existía indicio de accidente en la escena.
El doctor José Cabrera no reforzó mucho más la tesis de la defensa. Aunque su informe sugería que la menor pudo empuñar el arma, en la sala fue mucho más ambiguo. “Todo es posible”, repitió en varias ocasiones ante las preguntas del fiscal. Ante la pregunta de si había tenido en cuenta el testimonio de la joven, quien dijo que su padre disparó directamente a su madre, respondió con frialdad: “No”.
Tanto Cabrera como Planelles se refugiaron en la idea de que sus conclusiones eran compatibles con varios escenarios. “Yo creo que fue accidental”, llegó a decir el psiquiatra, aunque sin desarrollar esa hipótesis en profundidad. En su intervención dejó entrever que el acusado sostenía el arma mientras discutía con su mujer, momento en que la menor habría intervenido, provocando supuestamente el disparo.
La acusación particular también arremetió contra la consistencia del relato de la defensa. Preguntaron directamente a Planelles si contaba con material judicial suficiente para describir con certeza cómo se desarrolló el forcejeo. El perito no pudo ofrecer una respuesta sólida.
La Policía Científica, en cambio, fue contundente al señalar que el primer disparo fue el que acabó con la vida de María de los Ángeles, sin margen para que existiera forcejeo previo entre ella y su agresor. La escena, dijeron, no encajaba con la teoría de un accidente. “¿Usted considera que es un accidente que Alonso G. entre en la cocina con un arma y la dispare directamente?”, lanzó una de las fiscales.
La jornada acabó dejando muy tocada la estrategia de la defensa. La insistencia en la versión del disparo accidental, en manos de una menor, quedó debilitada tras la intervención de los peritos de la acusación y el interrogatorio a los expertos mediáticos, que este viernes ofrecieron más dudas que certezas al jurado popular.
El próximo lunes, el doctor Cabrera volverá a comparecer para exponer el informe psiquiátrico sobre Alonso G., quien según el documento presenta diversas patologías mentales. Una nueva línea que tratará de reforzar la defensa en busca de una atenuación de la responsabilidad penal.
