María del Mar Luque es policía local y también la principal encausada en el macrojuicio contra el narcotráfico, organización criminal y blanqueo de capitales, que comenzó el pasado 8 de octubre en la Audiencia Provincial de Cádiz con sede en Ceuta.
María del Mar Luque es policía local y también la principal encausada en el macrojuicio contra el narcotráfico, organización criminal y blanqueo de capitales, que comenzó el pasado 8 de octubre en la Audiencia Provincial de Cádiz con sede en Ceuta.
Esta agente, para la que el Ministerio Fiscal solicita once años de prisión y el decomiso de sus propiedades, ha querido hablar en exclusiva con LVC para contar su versión respecto a los hechos que se le imputan a ella y a su exmarido, Francis Pino, huido de la justicia desde 2018. “Tengo la conciencia muy tranquila porque no he hecho nada”, asegura Luque.
Los inicios y el divorcio
María del Mar aprobó las oposiciones de Policía Local en 1999 y en 2003 consolidó la plaza fija. Mientras, su entonces novio, Francis, trabajaba en la obra. “Tanto yo como el padre de mis hijos somos muy trabajadores”, indica la agente. Así, explica que compraron su primera vivienda en Pirámides, cuando él tenía 20 y ella 18 años. “La conseguimos con nuestro dinero, madrugando todos los días como la mayoría de las personas”, recalca.
Poco después nació su primera hija y contrajeron matrimonio. Un matrimonio que según afirma la acusada finalizó en 2011 con un “divorcio de mutuo acuerdo”. Tras la separación a ella le correspondió “el chalé, la casa de Pirámides, una pequeña casita de 20 metros cuadrados y las cargas hipotecarias de todas las propiedades”.
Por su parte, Pino recibió “una nave del Tarajal, un chalé en Fuengirola, un barco, una autocaravana, un BMW X5, un Mercedes y una moto”. Sin embargo, según Luque su exmarido “no pudo escriturar la nave porque su dueño tenía deudas con la Seguridad Social”. Por ello, señala la agente, “la alquiló a dos hermanos empresarios que le dieron 3.000 euros al mes”. Ya en 2012, estando ambos divorciados “la escrituran entre él y su madre”. Según María del Mar, Francis “acordó con el anterior dueño que, en vez de aportarle el dinero, le liquidaría la deuda, que eran casi 60.000 euros”. En ese momento, “él acude a mí y me dice que necesita 60.000 euros”, afirma la acusada. Ambos, ya divorciados, solicitan el dinero al banco, que se lo entrega “a los dos”.
En su versión, Luque comenta que Pino “coge ese dinero” y se lo ingresa a ella en su cuenta personal. “Para que me no me lo toquen lo quito de la mía y lo traspaso a nombre de un hijo menor, que le tenía que abrir una cuenta, pero para la Guardia Civil supuestamente lo que hago es una operación anómala para blanquear dinero”, afirma María del Mar.
Esta, indignada, destaca que la Guardia Civil “quiere argumentar que yo en 2011 me divorcio porque es narcotraficante, para salvaguardar el patrimonio, pero el operativo fue en 2019, 8 años después. ¿Qué soy yo, Rappel?”, expresa sarcásticamente.
Y es que en opinión de Luque “quieren dar por inválido mi divorcio, que los bienes formen parte otra vez del patrimonio y quedarse con lo que llevo pagando toda la vida con mi sudor”.
Una de las piezas fundamentales para defender el “falso divorcio” es que Francis convivía con María del Mar y con sus hijos. Sin embargo, según indica ella existe una explicación. “Mi casa es muy grande y consta de tres partes”, indica. “Tengo una casa independiente alquilada, otra que es donde vivo yo con mis hijos y arriba una buhardilla que es otra vivienda”, añade. Por ello, explica Luque, para que sus hijos no salieran de casa “cuando les tocaba estar con su padre, le decía a él que se quedara en la buhardilla”.

La vida hasta 2019
María del Mar cuenta que hasta 2019 su vida “era de lo más normal y pacífica; rutinaria total”. Según relata, “trabajaba, cuidaba de mis hijos e iba al gimnasio”. Esa vida, dice, “me la han destruido porque han ido a por mí”. Por ello, muestra su indignación. “He pasado lo que no está escrito. Ni la Guardia Civil ni la Fiscalía me infunden ningún tipo de respeto”, asegura con rotundidad.
“Un día todo es normal, no has hecho nada malo y al día siguiente vienen a por ti como si hubieras matado al presidente del Gobierno”, relata la acusada, para quien su detención “fue algo totalmente inesperado”. Y es que, dice, “si no te metes en problemas entiendes que no van a venir a por ti, con lo cual también hay un factor sorpresa”.
El registro de la casa de Barriada Postigo
El 30 de mayo de 2019 María del Mar viajó hasta la Clínica del Ángel, en Málaga porque su madre iba a ser operada del corazón. Ese día, según ella atestigua, dejó a Francis encargado de sus hijos. “Supuestamente todo estaba bien, yo había dejado a mis tres niños con el padre en casa”, recuerda.
A las 6:45 horas de la mañana siguiente, continúa Luque, llamó a sus hijos para que fueran al colegio. “No me cogían el teléfono y su padre tampoco”, señala. Preocupada, llamó a “una mujer que limpiaba y dormía con nosotros”, pero tampoco le respondió, hasta que finalmente le devolvió la llamada, alterada, diciéndole que “la casa estaba en ruinas, con toda la Policía dentro con cascos y pistolas”. Inmediatamente, María del Mar llamó a la Guardia Civil, explicándoles que acababa de tener constancia del operativo en su casa, donde se encontraban sus tres hijos menores.

“Me pongo en contacto estando en Málaga con mi madre recién operada y solo me dicen que me debo presentar ante ellos”, destaca. “Me entero también de que en casa no está el padre de mis hijos porque cuando entró la Policía él se fue y le dijo a su hermana de 20 años que se quedara”, añade Luque.

Esta hermana fue detenida y llevada al calabozo. Al mismo tiempo, también registraron la casa de su exsuegra y detuvieron a la misma, a su hija mayor y al marido. “Allí les dieron una paliza a los dos delante de los niños, por la cara”, asevera la acusada.
Según recuerda, saliendo de la clínica vio aparecer “tres furgones de la Guardia Civil y cómo se bajaron quince agentes de cada uno con pasamontañas y metralletas”, pero logró que no la vieran. “Yo sentía mucha inseguridad porque no sabía cómo estaban ni mis hijos ni su padre”, afirma.

Una vez que llegó a su casa de Barriada Postigo se sorprendió porque “estaba todo reventado, parecía que había entrado una banda de okupas en vez de un grupo policial”, indica.
Según su versión, lo que la Guardia Civil encontró en su vivienda “fueron 2.800 euros de la hucha de mi hijo guardados en una garrafa de agua donde íbamos echándole dinero, un trocito de hachís que se fumaba el padre de mis hijos cuando estaba en casa, librillos y mecheros”. Ese trozo de hachís los agentes no lo consideraron de autoconsumo, sino “una placa de muestra de la mercancía que vende mi marido”, comenta irónica.
Tras el registro, María del Mar asegura que se personó “voluntariamente” ante la Comandancia de la Guardia Civil y fue detenida por un presunto delito de blanqueo de capitales y organización criminal.
La cárcel
Tras la detención, tanto María del Mar como su exsuegra fueron encarceladas. “Me tuvieron en aislamiento total dos semanas”, recuerda la acusada. Para ella, lo ocurrido “fue una persecución en toda regla contra el padre de mis hijos porque la Guardia Civil pensaba que ante la detención de su familia él iba a venir y al final la única medida de presión que les quedaba era meternos a nosotras en la cárcel”.
A continuación, a María del Mar le comunicaron que iba a ser trasladada a la cárcel de funcionarios de Sevilla, pero finalmente entró en la de Butafegos (Algeciras), que “es una de las peores de España”. Como ejemplo, relata que hizo el ingreso a la hora de la comida y llegó a un salón “donde había por lo menos 200 mujeres toxicómanas, enfermas mentales, gente destruida por la droga y por la vida”.
Desde el primer momento, dice, todas ellas supieron que era policía local de Ceuta. “Eso parecía una sala con leones hambrientos, yo no sabía dónde sentarme; es peor que las películas”, cuenta. Unos minutos después se sentó con una mujer a la que consideró “más normalita”. Casualmente, se trataba de la presa con el puesto de mayor responsabilidad. “Mi dijo que llevaba 18 años en prisión porque había sido terrorista de ETA”, explica la ceutí.
Los 4 meses y 10 días que María del Mar vivió encerrada en la prisión fueron para ella “una locura”. De hecho, considera que “no es ningún centro ni de rehabilitación ni de reinserción social, sino de destrucción”. Y es que según menciona, vio sacar dos presas muertas desde su celda y observó durante días “cómo mujeres empezaban a drogarse desde las 8:30 de la mañana hasta las 19:00 que te vuelven a meter en la celda”.
Ella, como policía, asegura que “hay más droga en prisión que en la calle”. En este sentido, afirma haber presenciado a mujeres “de cualquier edad machacando pastillas como si fuese coca, mezclarlas con un café negro y raya para arriba y para abajo”. A la media hora, dice, a algunas “les da por acostarse, pero a otras por gritar, a otras por pelear… un patio de mujeres en prisión en una auténtica locura”.
María del Mar quedó en libertad antes de los cinco meses, pero le impusieron la prohibición de no salir del territorio español. “Eso yo no lo sabía”, asevera. “Fui a hacerme el pasaporte, me dijeron que estaba limpia, me lo dieron y aseguraron que podía entrar y salir cuando quisiera”, afirma Luque. Así lo hizo durante “cientos de veces” a Marruecos, hasta que el pasado 8 de abril, en una de las entradas a las 6:45 de la mañana en moto con su hijo pequeño detrás, la Guardia Civil le solicitó los papeles del vehículo. “Me dicen que nos metamos en un cuartillo de mala muerte, que están haciendo comprobaciones, me tienen casi dos horas y media con mi hijo menor y me detienen por quebrantamiento de una medida cautelar”, señala.
Por ello, volvió a la cárcel con una fianza de 300.000 euros. En esta ocasión “la bandeja de la comida me la dejaban en el suelo como a los perros y tenían a las presas amenazadas si se ponían a hablar conmigo”, relata Luque. A las dos semanas, la trasladaron a la cárcel de Ávila. “Fueron nueve horas de camino; me dieron un desayuno a las 7:00 y hasta las 21:00 no me volvieron a dar de comer”, recuerda la policía local.
Además, explica que ella sola iba en un furgón “con los cinturones estropeados y una plancha de metal haciendo ruido durante las nueve horas de camino”. Al llegar a Ávila conoció en su módulo a una policía nacional que también se encontraba en prisión preventiva. “Hicimos muy buenas migas, ella tenía televisión y radio, nos dejaban salir y entrar al patio, ya no estaba sola y más o menos pude respirar”, indica la acusada, a quien dejaron libre al mes siguiente.
La actualidad
Actualmente María del Mar se enfrenta a 11 años de prisión y a perder todas sus propiedades y su trabajo de policía local. Mientras, Francis continúa en paradero desconocido. “Creo en la inocencia de mi exmarido”, asegura convencida la acusada a LVC. Eso sí, “a mí este problema me lo ha buscado él, indirecta o directamente”, reconoce. Por ello, no lo libra “de toda culpa” porque en su opinión “debería haber venido cuando entró la Guardia Civil en casa”, pero eso, dice, “son cuestiones morales de él” que ella no critica.
Sobre las personas con antecedentes que encontraron junto a Francis, prefiere no hablar. “Yo eso lo desconozco, estaba en mi casa con mis hijos, no sé dónde está él y si lleva una petaca o lo que lleva dentro”, insiste. Y añade en defensa de su exmarido: “el padre de mis hijos no tiene ni un antecedente penal ni policial, es una persona si trayectoria delictiva, por mucho que lo quieran poner como Al Capone”.
Respecto a su ex familia política, María del Mar subraya: “no voy a entrar en determinar la culpabilidad de cada uno porque no soy ni juez ni Dios, pero tengo más que claro que yo no he hecho nada”. Así, afirma que su nombre “no aparece en el delito de narcotráfico por ningún lado. “Como no han pillado a mi exmarido tienen que ir contra mí”, resalta indignada. Y es que no entiende por qué le preguntan a ella por Francis. “Llevamos divorciados desde el 2011, no sé ni qué pinto aquí”, se cuestiona.
Al respecto, Luque manifiesta que no le guarda rencor ni a su exmarido ni a la familia de este. “Yo guardo rencor a la OCON de la Guardia Civil, que son los que han destruido mi vida y a la Fiscalía que los apoya”, ha declarado. Y añade que han “reventado” su “integridad, honor, intimidad, nombre y reputación sin ser condenada por una Sala, en preventivo por un delito económico, que no es de drogas ni de sangre”.
Sin embargo, ahora que el caso está siendo juzgado en la Audiencia Provincial, Luque se siente “segura en manos de este Tribunal” y sabe que va a tener un “procedimiento jurídico con todas las garantías”.
Además, María del Mar, para quien “todo esto no deja de ser una persecución”, asegura tener “la fe” de que saldrá “absuelta” y de que “ninguno de los acusados” entrará en prisión. “No me avergüenzo de haber estado dos veces en prisión, ni de haber sufrido lo que he sufrido, ni de estar sentada en un banquillo de acusados porque no he hecho nada, soy inocente”, comenta. En este sentido, insiste en que ganará “en este órgano judicial, en el Tribunal Superior de Justicia o en el Tribunal Supremo”. En caso contrario, si la condena superase los 3 años de prisión (a ella le piden 11), perdería su trabajo de policía. “Si me meten en la cárcel saldría con 50 años, sin trabajo fijo y sin una casa donde meterme, después de haber luchado desde los 18 años”, concluye esta acusada.
