La vida universitaria debería ser recordada como uno de los mejores años de tu vida. ¿A quién no le gusta reunirse en el césped después de clase con tus compañeros, ir a tomarse unas cervezas o hacer vida en tu residencia? Pues esto último, precisamente, es lo que no pueden hacer los estudiantes del campus de Ceuta debido a las pésimas condiciones en las que se encuentra este lugar y que, pese a las numerosas reclamaciones por parte del alumnado, nadie toma cartas en el asunto.
La vida universitaria debería ser recordada como uno de los mejores años de tu vida. ¿A quién no le gusta reunirse en el césped después de clase con tus compañeros, ir a tomarse unas cervezas o hacer vida en tu residencia? Pues esto último, precisamente, es lo que no pueden hacer los estudiantes del campus de Ceuta debido a las pésimas condiciones en las que se encuentra este lugar y que, pese a las numerosas reclamaciones por parte del alumnado, nadie toma cartas en el asunto.
En esta residencia 'sobreviven' 39 alumnos de varias disciplinas, a saber, informática, enfermería o magisterio, entre otras; gente que viene de Latinoamérica, y otros tantos que vienen para cursar su Erasmus, pero también, pese a ser una residencia de estudiantes, conviven con algunos profesores. La mayoría de alumnos se han quejado, escrito reclamaciones e incluso han hablado con el Ayuntamiento, pero aseguran que "nadie se hace responsable". La falta de recursos es evidente desde hace más de tres años. Tres años en los que los responsables "solo han sabido tirar las quejas a la basura y mirar hacia otro lado. Y después se preguntan que por qué nadie quiere venir a estudiar a Ceuta. Quizás porque pese a ser uno de los sectores más importantes ni siquiera tiene la relevancia que merece", comentan a La Verdad de Ceuta.

Pese a ello, los alumnos tienen que lidiar con un incumplimiento de contrato que les promete una serie de bienes que después, desafortunadamente, no tienen. Como es el caso del aire acondicionado, donde sólo cinco afortunados tienen la suerte de no cocerse en verano. El resto de alumnos, el año pasado, pudieron disfrutar de él durante dos meses, pero solo cuándo salió a la luz el caso en los medios de comunicación. Ahora, comentan, "lo han vuelto a dejar en el cajón del olvido tras hacer malabares entre unos cargos y otros".
¿Qué bueno un cafelito entre clase y clase, no? Tampoco pudieron hacerlo durante el año pasado, ya que la cafetería del campus permaneció cerrada durante todo el curso. Pero eso no es todo. Tampoco tienen cocina dentro de la propia residencia. Lo que tienen son dos neveras y dos microondas a compartir entre todos.

Lo que está ocurriendo con estos estudiantes es de auténtica vergüenza. Los pasillos y habitaciones están repletas de moho, lo que está afectando a la salud de quiénes tienen que respirar ese aire. Algunos de ellos tampoco tienen persianas, hay goteras y la mayoría de los espacios están repletos de insectos. En la imagen inferior podemos observar cómo varias alumnas tuvieron que cambiar su cama de lugar porque una gotera caía continuamente en su almohada.

Lo que está claro es que estos jóvenes necesitan una solución urgente, una solución que les permita vivir su día a día un poco más fácil y llevadera su estancia para que puedan dedicarse a estudiar.
