Opinión
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Una carta o epístola es un sistema de comunicación entre dos personas o dos entes colectivos. Ha sido durante siglos el medio de comunicación privado más generalizado.

Una carta o epístola es un sistema de comunicación entre dos personas o dos entes colectivos. Ha sido durante siglos el medio de comunicación privado más generalizado.

Ahora se plantea como siempre ha sucedido con nuevas tecnologías y técnicas surgen nuevas posibilidades, y, en la comunicación y cultura también, por tanto, la comunicación de un sujeto a otro, o de un sujeto a muchos, a través de Internet, serían en muchos casos, también cartas, cartas con más palabras o cartas con menos, cartas con más estética o cartas con menos, cartas de una temática o de muchas. Con lo cual, la técnica está abriendo otra vez el género de la carta. Se ha perdido mucho la carta en papel, pero se ha incrementado por mucho la carta por sistemas electrónicos –sin mencionar, los pequeños mensajes y noticias o informaciones, tanto escritas como visuales-.

Alguno pensará que el género de la Carta o Epístola, es una cosa sin importancia, pero debemos recordar, que la columna vertebral de Occidente, durante dos milenios ha sido el Nuevo Testamento, y, éste está formado en gran parte por Cartas. Se habla también en el Antiguo Egipto, encontrándose según la Wikipedia cartas del siglo XXV a.C. Hay que recordar que en la Patrística fue un género bastante usado, quizás copiando e imitando el Nuevo Testamento, cartas de Juan Crisóstomo, Gregorio Nacianceno, etc.

Pero nos vamos a fijar al género epistolar como género literario y filosófico, y, en ese sentido mencionaremos los siguientes autores, entre otros:
Quevedo, Unamuno, Inés de la Cruz, Teresa de Jesús, Garcilaso de la Vega, Feijoo, Cadalso, Bécquer, Arrabal, Sender, Caudet, Méndez, Doñate, Pilar Bellver, Carmen Laforet, Carmen Fortún, Fernando Marías, Bryce Echenique…

Voltaire, Montesquieu, Rilke, Van Goght, Helene Hanff, Goethe, Laclos, Shaffer y Barroxs, Glattauer, Collins, Kértész, Antoine Saint-Exupéry, Frida Kahlo, Dellaira, Zweig, Poniatowska, Austen, Stilman, Faulkner, Dickinson, Susanna Tamaro, Orwell, Cecili Ahern, Forsythe Halley, Kafka, Rousseau, Lewis, Arendt y Mary McCarthy, Hesse y Mann, Madame de Sevigné, Blixen, Wilde, Tsvietáieva, Pasternak, Pitcher, Murdoch, Jennigs, Lobo Antunes, Kostova, Kawataba, Dinesen, Tamaro, Las Mitford, Nöstlinger, Coetzee, Arabella Kurtz, Nothomb, Thoreau, Lawrence, Kerouac, Flaubert…

Es obvio y evidente, que durante siglos el género epistolar era el único modo de comunicarse entre personas y familias. No olviden que no existía Internet, pero tampoco el teléfono hasta hace un siglo y algo. Por tanto, todas las personas se comunicaban con cartas –claro está cuándo lo hacían, porque tenía un coste apreciable, tendríamos que contar la historia de la invención del sello y el porqué…-. Por tanto, existen epistolarios o conjuntos de cartas de todos los estilos, de todas las temáticas, de todas las estéticas y en todas las sociedades y países y culturas y lenguas y religiones y filosofías y fines y objetivos…

Es obvio y evidente que si el mundo se ha globalizado, también lo hará en los productos culturales, y, la próxima generación conocerá y leerá y pensará documentos y libros y obras del saber y del arte de todas las culturas. El etnocentrismo europeo cultural está en sus últimas bocanadas…
Hasta hace bien poco gran parte de la publicidad de las empresas se realizaba por carta, que se completaba con carteles, vallas publicitarias, anuncios en los medios de comunicación, etc. De ahí, una de las razones de la crisis tan profunda de los periódicos ha sido ésta, que la publicidad se ha diluido por mil medios y mil formas…

Muchos indican que el género epistolar, como comunicación o como arte, o como ambas realidades, se difuminará con los sistemas electrónicos, pero pienso y opino, que quizás, dentro de nada, se empezarán a recoger en forma de libro, acumulación y colección de “textos” que son semejantes a las cartas y que se han podido enviar entre dos personas, o una persona y un colectivo, sea a través de las redes sociales, sea a través de blogs, sea a través de correos electrónicos… Creo que la técnica y la tecnología no matarán y terminarán con el género epistolar sino que lo cambiará y lo modificará y lo hará evolucionar hacia nuevos derroteros…

Todo texto, y, entiendo en sentido muy amplio, sea de palabras, sea musical, sea de imágenes, sea de gestos, sea de sabores, sea de olores… todo texto expresa algo del sujeto que lo emite, y, entiende algo el sujeto que lo recibe. De ese viaje entre ambos mundos se producen interrelaciones de intentos de entendimiento la subjetividad y la objetividad, el mundo interior y el mundo exterior, el mundo individual y el mundo colectivo…

Para muchos las cartas es un género en minoría y para minorías… para muchos está casi acabado. Pero personalmente tengo mis dudas, creo que las personas seguirán comunicándose, tienen esa necesidad, tienen la necesidad de comprender el mundo y de comprenderse a sí mismos, tienen la necesidad de hablar con alguien y expresarle algo de su interior y de su corazón y de su alma y de su carne… creo que la comunicación entre dos personas, entre una persona y un grupo, entre dos colectivos, en forma de “envíos de textos o de palabras”, lo que se llaman cartas, no ha terminado, sino que seguirá evolucionando, como todo en la vida… como la existencia, siempre cambiando y siempre evolucionando… ¡Que una carta sea más estética o sea menos, tenga más contenido o tenga menos depende del sujeto emisor y del sujeto receptor…!

¡Vaya si tuviésemos un centenar de cartas de Cervantes, aunque solo fuesen cincuenta, o solo diez como en el relato de Sodoma y Gomorra…! ¿Podría existir algún centro, archivo, fundación, biblioteca que conservase cartas de cualquier persona, sin selecciones previas…, incluso de escritores o artistas o científicos o filósofos o teólogos casi inéditos y casi anónimos…? ¡Paz y bien…!

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Ceuta, Miercoles 29 de Julio del 2026

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