El parón de Navidad suele ser un arma de doble filo en el deporte profesional. Para unos es un freno que corta el ritmo; para otros, un bálsamo necesario para lamerse las heridas. Pero este año, para el UA Ceutí y el CN Caballa, las vacaciones llegan con el sabor dulce de quien ha sabido levantarse justo antes de que sonara la campana. Si el 2025 ha sido un año de desafíos extremos, este cierre de diciembre nos ha devuelto la mejor versión de nuestra identidad deportiva: la que nunca se rinde.
El parón de Navidad suele ser un arma de doble filo en el deporte profesional. Para unos es un freno que corta el ritmo; para otros, un bálsamo necesario para lamerse las heridas. Pero este año, para el UA Ceutí y el CN Caballa, las vacaciones llegan con el sabor dulce de quien ha sabido levantarse justo antes de que sonara la campana. Si el 2025 ha sido un año de desafíos extremos, este cierre de diciembre nos ha devuelto la mejor versión de nuestra identidad deportiva: la que nunca se rinde.
La UA Ceutí ha protagonizado una auténtica resurrección de fe. Tras unas semanas donde el balón parecía no querer entrar y las dudas planeaban sobre el parqué del Guillermo Molina, el equipo ha recordado por qué el fútbol sala en Ceuta es algo sagrado. Esa victoria crucial antes del turrón en tierras gallegas no son solo tres puntos; es el golpe en la mesa de un grupo que reclama su sitio en la élite. Han recuperado la solvencia defensiva y, sobre todo, esa chispa competitiva que convierte a nuestro equipo en un "hueso" insoportable para cualquier rival de la península. El Ceutí ha vuelto a ser ese equipo que juega con el corazón en la zapatilla.
Casi al mismo tiempo, y a pocos metros de distancia, el CN Caballa firmaba su propia gesta en el agua. Nadar en la máxima categoría del waterpolo nacional es, para un club de nuestras dimensiones, un ejercicio de heroísmo semanal. Tras un inicio de temporada asfixiante, los pupilos de la casa han demostrado que el ADN Caballa se crece en la adversidad. Esa última victoria antes de las fiestas es aire puro para los pulmones de un equipo que se deja la piel en cada brazada. Ver al Caballa competir de tú a tú con los gigantes del waterpolo no es solo un orgullo, es un milagro de gestión y pundonor que merece que la grada esté a reventar en enero.
Ahora, el deseo para el 2026 que asoma es tan claro como ambicioso: que esta senda de victoria no sea un espejismo navideño, sino la nueva norma. Ceuta necesita a sus referentes en lo más alto. La ciudad vibra cuando el Molina ruge y cuando el agua de la piscina salta con cada gol decisivo. Pedimos a los Reyes Magos que la salud respete a nuestras plantillas, que la puntería siga afinada y que la afición responda con la misma intensidad que los jugadores ponen en cada jugada.
Porque cuando el Ceutí y el Caballa ganan, no solo ganan dos clubes; gana la autoestima de una ciudad que sabe que, por muy lejos que estemos geográficamente, en esfuerzo y coraje no nos gana nadie. Que continúe la racha, que siga la resurrección. ¡Feliz y victorioso 2026, campeones!