En el apasionado mundo del fútbol, las emociones tienden a dividir a los aficionados en extremos. Un fenómeno que no escapa a nuestra querida AD Ceuta. Hay quienes, ante cualquier crítica constructiva, ya sea sobre el juego o la gestión del equipo, se apresuran a saltar a la defensiva, como si cualquier observación fuera un ataque directo a la esencia de lo que significa ser un verdadero aficionado. Nos encontramos con esos "ceutíes de pura cepa", que monopolizan el amor por el equipo, que cuando se les cuestiona o se sugiere que las cosas pueden mejorarse, responden con frases hechas: “En mayo hablamos”, “Las cuentas las hacemos al final”, o “Si ladran, cabalgamos”. Estos clichés no aportan nada a la conversación ni al progreso del equipo.
En el apasionado mundo del fútbol, las emociones tienden a dividir a los aficionados en extremos. Un fenómeno que no escapa a nuestra querida AD Ceuta. Hay quienes, ante cualquier crítica constructiva, ya sea sobre el juego o la gestión del equipo, se apresuran a saltar a la defensiva, como si cualquier observación fuera un ataque directo a la esencia de lo que significa ser un verdadero aficionado. Nos encontramos con esos "ceutíes de pura cepa", que monopolizan el amor por el equipo, que cuando se les cuestiona o se sugiere que las cosas pueden mejorarse, responden con frases hechas: “En mayo hablamos”, “Las cuentas las hacemos al final”, o “Si ladran, cabalgamos”. Estos clichés no aportan nada a la conversación ni al progreso del equipo.
No se trata de ser más ceutí o menos. A la AD Ceuta no se le quiere solo por ocupar un asiento en el estadio o por criticar desde las gradas. Querer al equipo implica construir y aportar, no solo disfrutar de las victorias o decir “yo estuve ahí cuando jugábamos con el Guadalcacín y éramos 17 personas en el campo”. La implicación no se mide por la cantidad de partidos a los que uno asista, sino por la capacidad de sumar, de alentar cuando las cosas no salen bien, y de señalar con respeto cuando hay margen para mejorar.
Algunos atacan a quienes no compran un abono o no van a todos los partidos, como si eso les hiciera menos hinchas. Pero ¿acaso no hay mil razones personales para no asistir a un partido? Lo importante no es estar presente físicamente en cada encuentro, sino tener la disposición de apoyar al equipo desde el lugar que sea, ya sea en el estadio o desde casa. Insinuar que quien no estuvo en aquel partido olvidado quiere menos al equipo es, francamente, absurdo.
Lo que necesitamos es menos división entre “verdaderos” y “falsos” aficionados y más unidad para que la AD Ceuta llegue lejos. Remar juntos significa entender que las críticas, cuando son constructivas, deben ser escuchadas. No es cuestión de “ladrar” o "cabalgamos", es remar en la misma dirección, corrigiendo cuando algo no va bien. No podemos permitir que el orgullo y el ego nos cieguen; debemos ser honestos cuando las cosas no van bien en el campo. La actitud debe ser exigente pero equilibrada.
Los jugadores necesitan saber que su afición los respalda, pero también que se espera de ellos lo mejor en cada partido. No estamos pidiendo milagros, pero sí que den todo en cada encuentro. Decir "así no llegamos" no es deslealtad, es buscar lo mejor para el equipo. Un hincha que critica con la esperanza de mejorar no es menos ceutí que aquel que calla y se conforma con cualquier cosa. A veces, el amor por algo se demuestra más al querer mejorar lo que amas que al quedarte callado y aceptar lo que sea.
En lugar de dividirnos, busquemos esa unidad necesaria para que el Ceuta crezca y siga dando alegrías. Dejemos los discursos de superioridad y las frases hechas, y pongámonos todos en la misma página, porque al final del día, lo que queremos todos, desde el más crítico hasta el más complaciente, es que el equipo esté en lo más alto.