La AD Ceuta FC ya no es solo un club; es la bandera deportiva de una ciudad que demasiadas veces se siente fuera del mapa. Su temporada en LaLiga Hypermotion, los fichajes ilusionantes, el papel del filial y el proyecto Genuine como símbolo de inclusión han convertido al equipo en algo muy parecido a una “selección nacional” de Ceuta.
La AD Ceuta FC ya no es solo un club; es la bandera deportiva de una ciudad que demasiadas veces se siente fuera del mapa. Su temporada en LaLiga Hypermotion, los fichajes ilusionantes, el papel del filial y el proyecto Genuine como símbolo de inclusión han convertido al equipo en algo muy parecido a una “selección nacional” de Ceuta.
Cada vez que el Ceuta compite en la península, no viajan once jugadores: viaja una ciudad entera que exige respeto. Incluso las polémicas arbitrales han tenido un efecto inesperado: han puesto a Ceuta en el foco mediático y han unido más a la afición en torno a un sentimiento claro de pertenencia y orgullo un verdadero denominador común.
La pregunta es si estamos aprovechando este tirón. ¿Hay una estrategia seria para convertir al Ceuta en marca ciudad, atraer turismo de fútbol, llenar hoteles y restaurantes, vincular patrocinio local y proyección exterior? O nos conformamos con celebrar el domingo y olvidarnos el lunes.
La afición del Ceuta, respetuosa, ruidosa y fiel, es un activo impagable. Representa exactamente la imagen que esta ciudad necesita: pasión, convivencia y dignidad. Si las instituciones y el tejido empresarial saben leer el momento, la AD Ceuta puede ser mucho más que un equipo: puede ser el escaparate de una ciudad que exige, por fin, su sitio.