El Complejo Deportivo Guillermo Molina, un emblema de actividad física y salud en nuestra ciudad, se está convirtiendo en un verdadero infierno para quienes lo frecuentan. Las temperaturas dentro del recinto han alcanzado niveles insoportables, afectando tanto a los trabajadores como a los deportistas que dependen de sus instalaciones para entrenar y competir. No es exagerado afirmar que el complejo "se quema por dentro", y con él, también la paciencia y la salud de los que pasan sus horas en su interior.
El Complejo Deportivo Guillermo Molina, un emblema de actividad física y salud en nuestra ciudad, se está convirtiendo en un verdadero infierno para quienes lo frecuentan. Las temperaturas dentro del recinto han alcanzado niveles insoportables, afectando tanto a los trabajadores como a los deportistas que dependen de sus instalaciones para entrenar y competir. No es exagerado afirmar que el complejo "se quema por dentro", y con él, también la paciencia y la salud de los que pasan sus horas en su interior.
El sindicato CCOO ha levantado la voz en defensa de los afectados, exigiendo soluciones inmediatas a una situación que se ha vuelto insostenible. No es difícil imaginar las consecuencias de tal negligencia: trabajadores que no pueden desempeñar sus funciones adecuadamente, atletas que ven su rendimiento mermado y un público que empieza a buscar alternativas ante la imposibilidad de utilizar unas instalaciones adecuadas.
El gobierno de la ciudad y la Consejería de Deportes deben actuar con urgencia. No solo se trata de una cuestión de confort, sino de salud y seguridad. Mantener el status quo en estas condiciones es inaceptable. La ciudad merece instalaciones que estén a la altura de las necesidades deportivas y laborales, no un lugar donde cada día es una lucha contra el calor asfixiante.
Es momento de invertir en soluciones eficaces: sistemas de climatización adecuados, revisiones periódicas de las instalaciones y, sobre todo, un compromiso real con el bienestar de los ciudadanos. El Guillermo Molina debe ser un espacio de deporte y salud, no un horno donde se cuecen las frustraciones de quienes solo buscan hacer su trabajo o mejorar su rendimiento deportivo.
La pelota está en el tejado de las autoridades. Ya no valen excusas ni demoras. Es tiempo de enfriar el Guillermo Molina y devolver a la ciudad un espacio digno, donde el deporte y el trabajo puedan desarrollarse en condiciones óptimas.