La Verdad Deportiva
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Lo que está ocurriendo en Tarragona no es normal. La violencia y la falta de deportividad exhibidas en los recientes encuentros del Nàstic de Tarragona son inaceptables y requieren una intervención inmediata y contundente por parte de la Federación y el Comité Antiviolencia.

Lo que está ocurriendo en Tarragona no es normal. La violencia y la falta de deportividad exhibidas en los recientes encuentros del Nàstic de Tarragona son inaceptables y requieren una intervención inmediata y contundente por parte de la Federación y el Comité Antiviolencia.

El primer episodio de esta lamentable serie de eventos ocurrió contra la AD Ceuta. Los directivos, el cuerpo técnico y los jugadores fueron tratados con desprecio. Los aficionados del Nàstic no se limitaron a hostigar al equipo visitante con insultos y amenazas, sino que también lanzaron petardos en el hotel donde descansaba el equipo, rompieron las lunas del autocar y crearon un ambiente de hostilidad extrema en el campo de juego. Este comportamiento no tiene cabida en el fútbol ni en ninguna otra faceta de la sociedad.

Lo sucedido contra el Málaga CF fue aún más alarmante. Las amenazas de muerte al árbitro y a su familia dentro del vestuario, un lugar donde solo están directivos, jugadores y personal acreditado por el club, demuestran una escalada preocupante de la violencia. Además, el hecho de que periodistas malagueños hayan sido agredidos, incluyendo al jefe de prensa del Nàstic, es una clara indicación de que la situación está fuera de control.

Ante estos hechos, resulta incomprensible la inacción de la Federación y el Comité Antiviolencia. No pueden especular más; deben tomar medidas drásticas para frenar esta ola de violencia. La única respuesta adecuada es una sanción ejemplar que deje claro que este tipo de comportamiento no será tolerado.

Un club que no está a la altura de la categoría en términos de comportamiento deportivo debe ser relegado. El Nàstic de Tarragona, con sus recientes acciones, se ha convertido en un club non grato en muchas ciudades. Es trascendental que las autoridades deportivas actúen con firmeza para proteger la integridad del deporte y garantizar la seguridad de todos los involucrados.

El fútbol debe ser un espacio de competición sana y respeto mutuo, no un campo de batalla. Es hora de que la Federación y el Comité Antiviolencia cumplan con su deber y pongan fin a estos actos de barbarie. Solo así podremos devolver al fútbol los valores que lo hacen grande.

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Ceuta, Miercoles 29 de Julio del 2026

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