La Verdad Deportiva
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​Cualquier aficionado al deporte peninsular mide las jornadas según los minutos de calentamiento, la pizarra del técnico o el estado del césped. En Ceuta, sin embargo, el primer rival nunca viste de corto ni salta a la pista: viste de viento de Levante, espera en la estación marítima y consume las piernas en la bodega de un ferry antes de tocar asfalto. Este fin de semana, la geografía vuelve a pasar su factura reglamentaria a los grandes embajadores deportivos de la ciudad.

​Cualquier aficionado al deporte peninsular mide las jornadas según los minutos de calentamiento, la pizarra del técnico o el estado del césped. En Ceuta, sin embargo, el primer rival nunca viste de corto ni salta a la pista: viste de viento de Levante, espera en la estación marítima y consume las piernas en la bodega de un ferry antes de tocar asfalto. Este fin de semana, la geografía vuelve a pasar su factura reglamentaria a los grandes embajadores deportivos de la ciudad.

​El foco mediático apuntará el domingo a Castalia. La AD Ceuta FC acude a Castellón con la moral recompuesta tras el balsámico triunfo en el Murube, pero obligada a despojarse de esa doble personalidad que suele aquejarla cuando se aleja del Estrecho. Competir en plazas con tanta solera exige una madurez competitiva que no admite excusas de kilometraje; los puntos que asientan a un club en el fútbol profesional son precisamente los que se arañan en estadios hostiles cuando el cansancio del viaje empieza a pesar en los gemelos a partir del minuto setenta.

​A kilómetros de esa batalla sobre el verde, el filial en Tercera Federación lidia con su propia paradoja: fajarse en campos de barro andaluces con plantillas veteranas mientras intenta mantener viva la promesa de que la cantera local tiene un puente real hacia el primer equipo, y no solo un escaparate dominical de supervivencia.

​Bajo techo, el reto adquiere tintes casi épicos. La Unión África Ceutí vuelve a jugarse su condición de aspirante en el 40x20 de la Segunda División de fútbol sala. En una categoría donde un despiste defensivo de diez segundos arruina el plan de toda una semana, el conjunto unionista necesita convertir el Guillermo Molina en un fortín inexpugnable para contrarrestar el desgaste acumulado en cada desplazamiento peninsular. Un esfuerzo que comparte el CD Camoens Femenino, cuyo mérito en el parqué no siempre recibe la cobertura que merece: competir en la élite con recursos justos, plantillas reducidas y maratones de carretera es un ejercicio de puro amor propio que sostiene el deporte femenino caballa a pulso.

​Y luego está la piscina. El CN Caballa nadando en la División de Honor de waterpolo representa, sin medias tintas, el mayor milagro deportivo de esta tierra. Plantarle cara a los trasatlánticos catalanes y madrileños con las limitaciones de infraestructura que todos conocemos en la ciudad es una lección de pundonor que a menudo damos por sentada. Cada punto arrancado con el gorro blanco es un puñetazo sobre la mesa contra la desigualdad presupuestaria.

​Ceuta compite cada fin de semana con un hándicap invisible que ningún acta arbitral recoge. Por eso, más allá de pizarras, goles o boyas ganadas en la piscina, el verdadero valor de estos clubes radica en su terquedad: la de empeñarse en existir, competir y ganar en la élite nacional desde una orilla que casi todo lo tiene que pelear el doble.

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Ceuta, Domingo 04 de Octubre del 2026

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