La reciente goleada sufrida por la UA Ceutí en su visita a Sevilla (11-5) no solo evidencia un mal día sobre el parqué, sino que es el reflejo de un club que se encuentra en un caos absoluto (10 jornadas sin ganar). La gestión interna, lejos de ser un soporte para el equipo, se ha convertido en el mayor obstáculo para su desarrollo. Y esta vez no hay excusas ni margen para eludir responsabilidades.
La reciente goleada sufrida por la UA Ceutí en su visita a Sevilla (11-5) no solo evidencia un mal día sobre el parqué, sino que es el reflejo de un club que se encuentra en un caos absoluto (10 jornadas sin ganar). La gestión interna, lejos de ser un soporte para el equipo, se ha convertido en el mayor obstáculo para su desarrollo. Y esta vez no hay excusas ni margen para eludir responsabilidades.
El desastre no surge de un mal planteamiento táctico puntual o de un grupo de jugadores que no dieron la talla. El problema es estructural. Con un director deportivo que pretende controlar todos los aspectos del club, incluidos los entrenadores, no hay espacio para que estos últimos puedan desempeñar su labor con libertad y eficacia. La centralización de decisiones en manos de alguien que, por lo visto, ni tiene la capacidad ni la intención de gestionar correctamente, ha llevado al equipo a un estado de KO absoluto.
Es preocupante que, año tras año, los entrenadores que llegan al banquillo de la UA Ceutí terminen asfixiados por un entorno hostil. La mala praxis directiva ha sido una constante, y quienes deberían aportar soluciones parecen ser más parte del problema. El vicepresidente, que teóricamente ostenta una posición clave para poner orden, sigue desaparecido. Su ausencia en los momentos críticos solo agrava la situación y envía un mensaje claro: el club está a la deriva en manos de quien no debería estar.
Este descalabro exige respuestas inmediatas. Si no hay cambios radicales en la gestión, la UA Ceutí corre el riesgo de hundirse de forma definitiva. Un equipo con historia y seguidores fieles no merece estar en manos de una dirección que parece incapaz de liderar. La falta de planificación, la centralización de poder y la ausencia de un liderazgo efectivo están llevando al club al borde del abismo.
El futuro de la UA Ceutí depende de decisiones valientes y de una reestructuración urgente. Si no hay reacción, el pozo que se vislumbra dejará de ser una amenaza para convertirse en una realidad. Es hora de actuar, porque el tiempo, como los puntos, se está agotando.