El fin de semana en el Guillermo Molina ha dejado una fotografía desoladora para el fútbol sala femenino ceutí. Dos partidos, dos derrotas calcadas por 1-3 y una misma sensación de impotencia compartida tanto por el Ramón y Cajal Féminas como por el CD Camoens. Sin embargo, más allá de la coincidencia del marcador, el verdadero problema de fondo es mucho más preocupante: la competición avanza, las jornadas pasan y los proyectos no terminan de arrancar.
El fin de semana en el Guillermo Molina ha dejado una fotografía desoladora para el fútbol sala femenino ceutí. Dos partidos, dos derrotas calcadas por 1-3 y una misma sensación de impotencia compartida tanto por el Ramón y Cajal Féminas como por el CD Camoens. Sin embargo, más allá de la coincidencia del marcador, el verdadero problema de fondo es mucho más preocupante: la competición avanza, las jornadas pasan y los proyectos no terminan de arrancar.
El caso del Camoens resulta especialmente sangrante y difícil de justificar. No estamos ante una plantilla confeccionada a última hora con retales ni ante un bloque condicionado por la precariedad de recursos. La directiva apostó fuerte durante el verano, acometiendo un esfuerzo económico y de gestión sobresaliente para traer refuerzos de categoría contrastada, fichajes de Primera División llamados a marcar diferencias absolutas sobre el parqué. Con semejante despliegue sobre la mesa, la exigencia no admite rebajas: este equipo no se diseñó para transitar por la zona tibia ni para deambular sin alma por la categoría, sino para presentar sus credenciales directas en la carrera por el ascenso.
Ver a un conjunto de este calibre encallado en la irregularidad, sin pulso competitivo y cediendo puntos vitales como local es una auténtica lástima. El talento individual no basta si no se traduce en un bloque cohesionado, agresivo y tácticamente solvente. El Ramón y Cajal acusa sus propias limitaciones, pero en el Camoens la distancia entre la inversión realizada y el rendimiento ofrecido empieza a ser alarmante.
La directiva tiene la obligación de sentarse y analizar con lupa lo que está ocurriendo de puertas hacia adentro. Los diagnósticos complacientes no valen cuando los objetivos se alejan. En una liga tan exigente, el margen de error se agota rápido y el tiempo vuela. O se endereza el rumbo con urgencia y decisiones firmes, o el proyecto del ascenso se habrá evaporado antes de que termine la primera vuelta.