Ya iba siendo hora. Hora de dejar atrás los papeles eternos, las excusas técnicas y los “está en trámite” para pasar, por fin, a los hechos. La presentación del proyecto de regeneración de Miramar y de la nueva ermita del Carmen no es solo una buena noticia: es un pequeño alivio colectivo para una ciudad que llevaba demasiado tiempo esperando.
Ya iba siendo hora. Hora de dejar atrás los papeles eternos, las excusas técnicas y los “está en trámite” para pasar, por fin, a los hechos. La presentación del proyecto de regeneración de Miramar y de la nueva ermita del Carmen no es solo una buena noticia: es un pequeño alivio colectivo para una ciudad que llevaba demasiado tiempo esperando.
Porque no hablamos únicamente de levantar una capilla. Hablamos de dignificar un espacio degradado, de devolverle sentido a un rincón clave del litoral y de respetar una devoción profundamente arraigada en la identidad marinera de Ceuta. Durante años, la ausencia de la ermita ha sido una herida abierta, especialmente para quienes viven y sienten el Carmen como algo propio.
Es cierto que el camino no ha sido fácil y que las trabas administrativas han sido muchas. Pero precisamente por eso, el avance tiene más valor. Cuando las instituciones colaboran y entienden la singularidad de la ciudad, los proyectos dejan de ser promesas y empiezan a tomar forma real, visible y útil para todos.
Ahora toca no perder el ritmo. Cumplir plazos, cuidar los detalles y estar a la altura de las expectativas creadas. Porque sí, ya iba siendo hora… pero también es hora de hacerlo bien y de que Miramar vuelva a ser un espacio vivo, compartido y orgulloso de su historia.
