Una vez más, nos encontramos con que las ayudas al alquiler, tan necesarias para muchas familias, acaban dejando fuera a quienes más las necesitan por no cumplir con uno o dos requisitos cerrados. El principal escollo suele ser la renta familiar: si se supera un determinado umbral de ingresos, no hay ayuda. Pero ¿de verdad creemos que una familia con tres o cuatro hijos tiene el mismo margen económico que una pareja sin cargas, aunque ganen lo mismo?
Una vez más, nos encontramos con que las ayudas al alquiler, tan necesarias para muchas familias, acaban dejando fuera a quienes más las necesitan por no cumplir con uno o dos requisitos cerrados. El principal escollo suele ser la renta familiar: si se supera un determinado umbral de ingresos, no hay ayuda. Pero ¿de verdad creemos que una familia con tres o cuatro hijos tiene el mismo margen económico que una pareja sin cargas, aunque ganen lo mismo?
Es un enfoque demasiado simplista. No se puede medir la necesidad solo por lo que entra en casa cada mes, sin mirar lo que sale. Hay familias numerosas que superan por poco el límite de ingresos, pero que viven ahogadas entre hipoteca o alquiler, comida, ropa, material escolar, actividades y un largo etcétera. No reciben ayudas al alquiler porque "ganan demasiado", pero nadie se para a ver cuánto les queda después de atender todas sus obligaciones.
Sería lógico que estas ayudas tuvieran en cuenta otras variables: número de hijos, situación laboral de los miembros de la familia, personas dependientes a cargo, incluso el precio medio de los alquileres en la ciudad o barrio donde viven. No todo es blanco o negro, y la realidad social es bastante más compleja que una cifra fría en una declaración de la renta.
Y luego, con cierta incoherencia, se lanzan campañas pidiendo que aumente la natalidad, que tengamos más hijos, que rejuvenezcamos la población. Pero, ¿cómo lo van a hacer las familias si no se les apoya cuando realmente lo necesitan? Tener hijos hoy en día es un acto de responsabilidad... y casi de valentía.
Las ayudas deben ser eso: una mano tendida, no una trampa de letra pequeña que excluye a quien se sale un milímetro del molde. Porque si no se empieza a mirar a las familias en toda su dimensión, será difícil que crezcamos como sociedad.
