El Sindicato Médico ha decidido plantarse y convocar una concentración para exigir algo que suena tan básico como imprescindible: logopedas públicos en el Hospital Universitario. Y, sinceramente, ya era hora. Hablar, tragar, comunicarse… no son lujos, son funciones vitales. Sin embargo, para muchos pacientes del hospital, acceder a un logopeda es hoy casi una carrera de obstáculos.
El Sindicato Médico ha decidido plantarse y convocar una concentración para exigir algo que suena tan básico como imprescindible: logopedas públicos en el Hospital Universitario. Y, sinceramente, ya era hora. Hablar, tragar, comunicarse… no son lujos, son funciones vitales. Sin embargo, para muchos pacientes del hospital, acceder a un logopeda es hoy casi una carrera de obstáculos.
Lo más llamativo es que no estamos hablando de una tecnología futurista ni de tratamientos experimentales. Hablamos de profesionales cuya labor marca la diferencia entre recuperarse o quedarse a medio camino. ¿Cómo puede ser que en un hospital de referencia aún sean una rareza? Es como intentar dirigir un concierto sin instrumentos.
Los médicos llevan tiempo alertando de la situación, pero parece que solo cuando se levanta la voz en la calle, alguien en los despachos decide escuchar. Y qué ironía: estamos pidiendo especialistas precisamente para mejorar la voz de quienes más la necesitan. El sistema público no puede seguir parcheando huecos que ya son abismos.
La concentración convocada no debería verse como una batalla corporativa, sino como una llamada de atención ciudadana. Porque hoy puede ser el vecino, mañana un familiar y pasado mañana cualquiera de nosotros. Nadie está a salvo de necesitar rehabilitación del habla o deglución.
Si esta protesta sirve para que, por fin, se refuercen plantillas y se tomen en serio los servicios de logopedia, bienvenida sea. Y ojalá no haga falta levantar pancartas la próxima vez para defender algo tan elemental como garantizar que todos podamos hacernos escuchar.
