El anuncio del presidente Juan Vivas de trasladar a SEPES una propuesta para construir 1.000 viviendas en Ceuta en los próximos años parece, a todas luces, el preludio de su enésima candidatura a la Presidencia de la Ciudad. No es casualidad que, tras tantos años sin que se haya puesto un ladrillo, ahora se hable de levantar más de mil. El ritmo de la política local ya es conocido por todos: cuando las elecciones se acercan, surgen las promesas.
El anuncio del presidente Juan Vivas de trasladar a SEPES una propuesta para construir 1.000 viviendas en Ceuta en los próximos años parece, a todas luces, el preludio de su enésima candidatura a la Presidencia de la Ciudad. No es casualidad que, tras tantos años sin que se haya puesto un ladrillo, ahora se hable de levantar más de mil. El ritmo de la política local ya es conocido por todos: cuando las elecciones se acercan, surgen las promesas.
Es inevitable preguntarse: ¿por qué no se ha abordado antes esta necesidad? La demanda de viviendas en Ceuta no es nueva y los problemas de acceso a la vivienda llevan tiempo afectando a muchos ceutíes. Sin embargo, es en la recta final de la legislatura cuando de repente se plantea este ambicioso proyecto. ¿Es este un auténtico compromiso o simplemente un gesto estratégico para captar votos?
Además, la cifra de 1.000 viviendas resulta llamativa. Suena bien, redonda, pero también genera dudas. ¿Es realista? ¿Cuenta el Gobierno local con los recursos, la planificación y el respaldo necesarios para hacerla realidad? Ceuta no puede permitirse más anuncios vacíos ni promesas que no se materializan.
Este tipo de propuestas, cuando surgen en momentos clave, hacen pensar que la política del ladrillo es un síntoma inequívoco de que Vivas busca prolongar su mandato. Queda por ver si los ceutíes darán crédito a esta nueva promesa o si exigirán hechos concretos antes de confiar en una nueva legislatura bajo su dirección.
