Lo que está ocurriendo con los trabajadores del Hotel Puerta de África no tiene nombre. Una plantilla que ha sostenido durante años un servicio público esencial en la ciudad está siendo tratada con un desdén impropio de cualquier administración que se llame responsable. El Gobierno local juega al despiste, mareando la perdiz con propuestas llenas de lagunas y sin garantizar lo más básico: que nadie pierda ni un euro de su salario ni se vea relegado a un limbo laboral.
Lo que está ocurriendo con los trabajadores del Hotel Puerta de África no tiene nombre. Una plantilla que ha sostenido durante años un servicio público esencial en la ciudad está siendo tratada con un desdén impropio de cualquier administración que se llame responsable. El Gobierno local juega al despiste, mareando la perdiz con propuestas llenas de lagunas y sin garantizar lo más básico: que nadie pierda ni un euro de su salario ni se vea relegado a un limbo laboral.
La ciudadanía no es tonta y entiende perfectamente la situación: mientras los altos cargos gozan de blindajes salariales y garantías escritas, los trabajadores rasos son dejados a la intemperie, sin un catálogo claro de puestos y con la única certeza de que, si no levantan la voz, serán los grandes damnificados. Eso no es negociar, eso es burlarse de la buena fe de quienes lo único que piden es dignidad.
El Comité de Empresa lo ha dejado claro: sin garantías escritas sobre los sueldos y sin información transparente sobre los puestos ofertados, no hay mesa de negociación que valga. Y tienen toda la razón. Lo contrario sería aceptar un chantaje disfrazado de oportunidad.
El Gobierno de la Ciudad, con Nicola Cecchi al frente del Consejo de Administración, debe dejar de esconderse y dar la cara. Su silencio y su falta de compromiso ya rozan la falta de respeto. No se puede pretender que los trabajadores firmen un cheque en blanco cuando ni siquiera saben qué destino les espera.
En definitiva, aquí no sobra valentía por parte de la plantilla, sino vergüenza por parte de quienes gobiernan. Ya va siendo hora de que se deje de jugar con el pan de los trabajadores del Puerta de África. Porque, cuando el hartazgo estalle en la calle, no podrán decir que no fueron advertidos.
