En pleno verano, el Centro de Salud del Recinto en Ceuta vuelve a encontrarse con una situación que ya empieza a sonar demasiado conocida: sin climatización adecuada. El Sindicato Médico ha alzado la voz denunciando unas condiciones que afectan tanto a profesionales como a pacientes, que tienen que ser atendidos en un entorno que, con el calor que aprieta, se vuelve poco menos que insoportable.
En pleno verano, el Centro de Salud del Recinto en Ceuta vuelve a encontrarse con una situación que ya empieza a sonar demasiado conocida: sin climatización adecuada. El Sindicato Médico ha alzado la voz denunciando unas condiciones que afectan tanto a profesionales como a pacientes, que tienen que ser atendidos en un entorno que, con el calor que aprieta, se vuelve poco menos que insoportable.
La queja no es nueva, y ahí está parte del problema. Cuando una situación se repite año tras año sin una solución definitiva, deja de ser una incidencia puntual para convertirse en un fallo estructural de gestión. Y eso, en un servicio esencial como la sanidad, pesa mucho más de lo que parece en el día a día de las consultas.
Lo preocupante es que mientras se habla de modernización, digitalización y mejoras del sistema, lo básico —como garantizar una temperatura digna en un centro sanitario— sigue fallando. El resultado es un desgaste evidente de los profesionales y una sensación de abandono en los usuarios que no debería normalizarse en ningún caso.
La responsabilidad recae directamente en los órganos gestores, en este caso el INGESA, que debe dar explicaciones más allá de los comunicados habituales y, sobre todo, soluciones reales y duraderas. Porque improvisar cada verano no es gestionar, es parchear.
Al final, lo que está en juego no es solo una máquina de aire acondicionado, sino la dignidad de la atención sanitaria. Y cuando lo básico falla, la confianza también empieza a resquebrajarse. En un sistema público, eso debería ser la última de las opciones posibles, no una costumbre estival.
