Resulta preocupante que, en pleno siglo XXI, la respuesta a la falta de médicos en Ceuta sea sustituir la atención presencial por valoraciones telemáticas. No hablamos de trámites administrativos cualquiera, sino de expedientes que determinan el grado de discapacidad de una persona, con todo lo que ello implica en derechos, ayudas y dignidad. Pretender que una pantalla reemplace la mirada médica directa es, como mínimo, una falta de sensibilidad institucional.
Resulta preocupante que, en pleno siglo XXI, la respuesta a la falta de médicos en Ceuta sea sustituir la atención presencial por valoraciones telemáticas. No hablamos de trámites administrativos cualquiera, sino de expedientes que determinan el grado de discapacidad de una persona, con todo lo que ello implica en derechos, ayudas y dignidad. Pretender que una pantalla reemplace la mirada médica directa es, como mínimo, una falta de sensibilidad institucional.
Durante años se ha venido denunciando la escasez de facultativos en el IMSERSO de Ceuta. La consecuencia es una montaña de expedientes acumulados y familias que esperan, desesperadas, una resolución que no llega. La solución adoptada —remitir los casos a Madrid o hacer valoraciones digitales— no hace sino confirmar el abandono al que se somete a los ceutíes con discapacidad.
No se trata solo de un problema técnico, sino de justicia. ¿Cómo garantizar la igualdad de trato si las evaluaciones se hacen a cientos de kilómetros, sin contacto humano, sin contexto, sin conocer la realidad concreta de la persona? La discapacidad no se mide por formularios ni videollamadas; se comprende con empatía, observación y experiencia clínica cercana.
A esto se suma la peligrosa tentación de “externalizar” servicios públicos esenciales, como si la gestión privada fuera un atajo milagroso. Lo único que se consigue así es diluir la responsabilidad y convertir un derecho en un contrato. La Administración debe ser la primera en dar ejemplo de compromiso y humanidad, no en reducir la atención a un trámite digital.
Ceuta merece soluciones reales: médicos suficientes, medios adecuados y respeto a quienes llevan años esperando ser escuchados y reconocidos. Porque la dignidad no se tramita por internet.
