La reciente visita de la Confederación de Empresarios de Ceuta (CECE) al rey es mucho más que un gesto protocolario. Es una ocasión única para que quienes de verdad conocen la realidad económica de la ciudad hagan oír su voz en las más altas instancias. Ceuta lleva años sufriendo un declive comercial que algunos intentan achacar únicamente a Marruecos, cuando la realidad es que el problema es mucho más complejo y, sobre todo, interno.
La reciente visita de la Confederación de Empresarios de Ceuta (CECE) al rey es mucho más que un gesto protocolario. Es una ocasión única para que quienes de verdad conocen la realidad económica de la ciudad hagan oír su voz en las más altas instancias. Ceuta lleva años sufriendo un declive comercial que algunos intentan achacar únicamente a Marruecos, cuando la realidad es que el problema es mucho más complejo y, sobre todo, interno.
Las trabas burocráticas, la falta de incentivos fiscales efectivos y una conexión deficiente con la península han convertido el comercio en una carrera de obstáculos. No se puede seguir mirando a Marruecos como la única causa del problema cuando es evidente que la falta de apoyo institucional y de una estrategia económica clara han dejado a los empresarios ceutíes a la deriva.
Este encuentro con el rey debería servir para que los empresarios expongan la realidad sin maquillaje. Ceuta no puede depender eternamente de los aviones improvisados del Gobierno central ni de parches temporales. Hace falta una política seria que potencie el comercio local y lo haga competitivo, sin depender de lo que haga o deje de hacer el país vecino.
Si los empresarios logran transmitir este mensaje con claridad, puede ser un primer paso para que se tomen decisiones con cabeza y no basadas en discursos vacíos. Ceuta necesita medidas reales, y esta visita es una oportunidad para dejar claro que el problema del comercio no está solo al otro lado de la frontera, sino en la falta de voluntad política para cambiar las cosas.
