Por fin, tras años de reclamaciones, INGESA contará con su primera unidad infanto-juvenil de salud mental en Ceuta. No es un logro menor, sino el resultado de una necesidad evidente y un clamor que ha tardado demasiado en ser atendido. Durante años, las familias han visto cómo sus hijos tenían que ser derivados a la península para recibir atención especializada, con el coste emocional y logístico que ello supone.
Por fin, tras años de reclamaciones, INGESA contará con su primera unidad infanto-juvenil de salud mental en Ceuta. No es un logro menor, sino el resultado de una necesidad evidente y un clamor que ha tardado demasiado en ser atendido. Durante años, las familias han visto cómo sus hijos tenían que ser derivados a la península para recibir atención especializada, con el coste emocional y logístico que ello supone.
La salud mental ha sido, durante demasiado tiempo, la gran olvidada del sistema sanitario. Mientras otros servicios se reforzaban, el apoyo a niños y adolescentes con problemas psicológicos quedó en un segundo plano. Y lo cierto es que, en una ciudad con altos índices de vulnerabilidad social y con jóvenes expuestos a múltiples factores de riesgo, contar con una unidad de este tipo no es un lujo, sino una obligación.
Ahora queda por ver si la dotación de esta unidad estará a la altura de las expectativas. No basta con anunciarla, hay que dotarla de profesionales suficientes, recursos adecuados y, sobre todo, garantizar que su funcionamiento sea estable y eficaz. No podemos permitirnos que esta unidad sea solo un parche o un titular bonito.
Aplaudimos el avance, porque era más que necesario, pero también exigimos que no se quede en una solución a medias. La salud mental de los más jóvenes es un tema serio, y Ceuta, después de tantos años de espera, merece un servicio digno y de calidad.
