Lo que se vivió este fin de semana en la Casa de Ceuta en Sevilla fue algo más que un simple pregón de Semana Santa. Fue un acto cargado de sentimiento, de raíces y de verdad, de esas que emocionan hasta al que dice no emocionarse nunca. Juan Antonio García Ponferrada, ceutí de corazón y alma cofrade, ofreció un pregón de mucho nivel, como pocos se escuchan hoy día, con palabra bien dicha, mensaje profundo y emoción sincera.
Lo que se vivió este fin de semana en la Casa de Ceuta en Sevilla fue algo más que un simple pregón de Semana Santa. Fue un acto cargado de sentimiento, de raíces y de verdad, de esas que emocionan hasta al que dice no emocionarse nunca. Juan Antonio García Ponferrada, ceutí de corazón y alma cofrade, ofreció un pregón de mucho nivel, como pocos se escuchan hoy día, con palabra bien dicha, mensaje profundo y emoción sincera.
Pero más allá del excelente contenido del pregón, del repaso a nuestras tradiciones y de la pasión que puso en cada frase, lo que destacó fue la categoría humana del pregonero. Porque García Ponferrada no solo habló desde el conocimiento y la devoción, sino también desde el cariño, el respeto y una humildad que lo engrandece todavía más. Se nota cuando alguien no habla por compromiso, sino porque le sale del alma.
La Casa de Ceuta en Sevilla se llenó de ceutíes y sevillanos, de amigos, de cofrades y de curiosos que acabaron atrapados por la fuerza de la palabra de un hombre que sabe muy bien lo que dice y, sobre todo, por qué lo dice. Fue un momento sublime, de esos que no se olvidan y que nos recuerdan que nuestras tradiciones siguen vivas gracias a personas así.
En tiempos de tanta banalidad y ruido, escuchar un pregón como el de Juan Antonio es un verdadero regalo. Porque no solo habló de la Semana Santa, habló de Ceuta, de los sentimientos compartidos, del compromiso con lo nuestro y de esa manera tan nuestra de sentir la fe, con respeto, con hondura y con orgullo.
Un pregón de mucho nivel, de un pregonero de mucho nivel… y, si me lo permiten, de una persona con aún más nivel. Gracias, Juan Antonio, por recordarnos que hay cosas que no pasan de moda: la pasión, la palabra bien dicha y el amor por nuestras raíces.
