La Real Federación de Fútbol de Ceuta (RFFCE) ha decidido rendir homenaje a las figuras del fútbol ceutí que ya no están con nosotros, y en principio, la idea parecía un gesto bonito y necesario. Recordar a quienes han contribuido a la historia del fútbol local es algo que, como sociedad, debemos valorar. Pero, ¿qué ocurre cuando una buena intención se traduce en una ejecución que deja demasiados huecos y genera preguntas incómodas?
La Real Federación de Fútbol de Ceuta (RFFCE) ha decidido rendir homenaje a las figuras del fútbol ceutí que ya no están con nosotros, y en principio, la idea parecía un gesto bonito y necesario. Recordar a quienes han contribuido a la historia del fútbol local es algo que, como sociedad, debemos valorar. Pero, ¿qué ocurre cuando una buena intención se traduce en una ejecución que deja demasiados huecos y genera preguntas incómodas?
El problema principal está en el criterio de selección. ¿Cómo se eligieron los 15 nombres que ahora aparecen en este homenaje? Nadie duda de la importancia de los homenajeados, pero, ¿qué pasa con figuras como Manolo Serrán, Paco Anta, Antonati, Jacob Zafrani o Paquirri? Estos son solo algunos de tantos nombres que han quedado fuera, y no por falta de méritos. Esto deja la sensación de que, más que un homenaje inclusivo y justo, se ha tratado de una lista arbitraria, donde alguien decidió quién debía estar y quién no.
Una ciudad como Ceuta, con una rica historia futbolística y tantas personas que han dejado huella en este deporte, no puede conformarse con un reconocimiento limitado y parcial. No es cuestión de poner cien nombres de golpe, pero sí de establecer un sistema transparente que permita honrar a todos con igualdad de criterio y tiempo.
Lo que debería ser un motivo de orgullo ha acabado generando más debate que satisfacción. Y no porque la idea no sea buena, sino porque las cosas, cuando se hacen, se tienen que hacer bien. Este es el tipo de iniciativas que necesitan planificación y escucha activa para no herir sensibilidades ni dejar un regusto amargo.
Esperemos que este sea el inicio de un homenaje más amplio y respetuoso, y no el final de una oportunidad que, bien gestionada, podría haber unido a toda la comunidad futbolística ceutí en lugar de dividirla. Las buenas ideas merecen mejor ejecución.
