El borrador del nuevo Estatuto Marco que impulsa el Ministerio de Sanidad, con Mónica García a la cabeza, ha encendido todas las alarmas en el Sindicato Médico de Ceuta (SMC). No es para menos. Las medidas planteadas en este documento no solo son un ataque directo a los derechos de los médicos, sino que también amenazan con agravar aún más la ya delicada situación del sistema sanitario de nuestra ciudad.
El borrador del nuevo Estatuto Marco que impulsa el Ministerio de Sanidad, con Mónica García a la cabeza, ha encendido todas las alarmas en el Sindicato Médico de Ceuta (SMC). No es para menos. Las medidas planteadas en este documento no solo son un ataque directo a los derechos de los médicos, sino que también amenazan con agravar aún más la ya delicada situación del sistema sanitario de nuestra ciudad.
Ceuta lleva años sufriendo una realidad insostenible: una falta crónica de personal sanitario que hace que los profesionales que permanecen aquí carguen con jornadas interminables y una presión asistencial asfixiante. ¿Y cuál es la respuesta del Ministerio? Un texto que, lejos de aliviar la carga de los médicos, parece diseñado para ponerles más obstáculos. Hablar de "modernización" o "flexibilidad" no sirve si la letra pequeña se traduce en precariedad y recortes de derechos.
El rechazo del SMC no es un capricho, sino un grito de auxilio. En un contexto donde cada profesional cuenta, decisiones como estas no solo desmotivan al personal sanitario actual, sino que también disuaden a nuevos médicos de considerar Ceuta como un destino profesional. La pregunta es clara: ¿qué pasará cuando los pocos que tenemos decidan que ya no pueden más?
El Ministerio debería escuchar a quienes están en la primera línea de batalla, en lugar de imponer medidas que parecen redactadas desde un despacho sin contacto con la realidad. Ceuta no puede permitirse perder más médicos ni seguir sufriendo las consecuencias de políticas ajenas a sus necesidades específicas.
Si de verdad se quiere mejorar la sanidad, la prioridad debe ser reforzar las plantillas, ofrecer condiciones laborales dignas y garantizar que los médicos puedan ejercer su labor con respeto y tranquilidad. De lo contrario, seguiremos viendo cómo los profesionales se van y cómo nuestra sanidad se hunde. ¿Es este el legado que queremos dejar?
