La despedida de Sebastián Vega al frente de la Policía Local de Ceuta llega envuelta en homenajes, fotografías oficiales y discursos cargados de agradecimientos. Sin embargo, más allá del protocolo y de las medallas, queda una sensación difícil de esconder en buena parte de la ciudadanía: tras casi una década al mando, cuesta señalar una transformación real y profunda que haya cambiado el rumbo de la Policía Local o mejorado de manera evidente la seguridad y la convivencia en Ceuta.
La despedida de Sebastián Vega al frente de la Policía Local de Ceuta llega envuelta en homenajes, fotografías oficiales y discursos cargados de agradecimientos. Sin embargo, más allá del protocolo y de las medallas, queda una sensación difícil de esconder en buena parte de la ciudadanía: tras casi una década al mando, cuesta señalar una transformación real y profunda que haya cambiado el rumbo de la Policía Local o mejorado de manera evidente la seguridad y la convivencia en Ceuta.
Durante estos años se ha hablado mucho de modernización, de drones, de digitalización y de renovación de vehículos. Pero la realidad cotidiana de muchos vecinos ha seguido siendo prácticamente la misma. La percepción de descontrol en determinados puntos de la ciudad, la falta de presencia policial en barrios y la sensación de que el cuerpo podía dar mucho más han acompañado buena parte de esta etapa. Porque gestionar no es solo mantener una estructura funcionando; también es dejar una huella reconocible.
Nadie puede negar la experiencia de Vega ni los años dedicados al servicio público, pero una trayectoria larga no siempre se traduce automáticamente en una gestión brillante. En Ceuta han pasado años especialmente complejos, desde crisis migratorias hasta momentos de enorme tensión social, y la impresión que queda es que la Policía Local sobrevivió más por el esfuerzo individual de muchos agentes que por una dirección especialmente innovadora o decisiva.
El verdadero mérito de la Policía Local ha estado, una vez más, en los policías que salen cada día a la calle, muchas veces con recursos limitados y soportando situaciones complicadas. Son ellos quienes sostienen el servicio y quienes han mantenido la imagen del cuerpo pese a una etapa de jefatura que no pasará precisamente a la historia por grandes avances o cambios estructurales.
Ahora se abre una oportunidad para que llegue una dirección con ideas nuevas, más ambición y una visión más cercana a los problemas reales de la ciudad. Porque Ceuta necesita una Policía Local moderna de verdad, visible, eficaz y conectada con el ciudadano. Y esa sensación, por desgracia, es la que muchos creen que nunca terminó de llegar durante la etapa de Sebastián Vega.
