En Ceuta, por fin, se empieza a hablar claro de un problema que llevaba demasiado tiempo en segundo plano: qué hacemos con las personas desempleadas mayores de 45 años. No hablamos de falta de ganas ni de talento, sino de oportunidades reales. Que el refuerzo de su empleabilidad esté ahora en el centro de la agenda laboral es una buena noticia, y más aún si se hace escuchando a quienes crean empleo.
En Ceuta, por fin, se empieza a hablar claro de un problema que llevaba demasiado tiempo en segundo plano: qué hacemos con las personas desempleadas mayores de 45 años. No hablamos de falta de ganas ni de talento, sino de oportunidades reales. Que el refuerzo de su empleabilidad esté ahora en el centro de la agenda laboral es una buena noticia, y más aún si se hace escuchando a quienes crean empleo.
La reunión celebrada en el COE va en la dirección correcta: sentar en la misma mesa a la Administración y al empresariado para analizar qué perfiles se necesitan de verdad y por qué cuesta tanto cubrir ciertos puestos. Muchas veces el problema no es la edad, sino una formación que no termina de encajar con lo que pide el mercado. Detectarlo a tiempo evita frustraciones y recursos mal invertidos.
El programa Talento 45+ demuestra que la coordinación institucional puede dar frutos si se hace con sentido práctico. Abrir un canal directo con los empresarios, como defiende el SEPE, no solo ayuda a afinar la oferta formativa, sino que también rompe prejuicios mutuos. Escuchar qué falla en los procesos de contratación es el primer paso para corregirlo.
También es acertado insistir en diversificar salidas profesionales. No todo el mundo tiene que volver al mismo sector del que salió, y menos en un mercado laboral tan cambiante. Formarse para nuevos ámbitos puede ser una segunda oportunidad, no una renuncia al pasado, sino una evolución lógica.
Y, por último, conviene no olvidar algo fundamental: la experiencia cuenta. Reconocer oficialmente las competencias adquiridas durante años de trabajo es una cuestión de justicia y de eficacia. Porque el talento no caduca a los 45, y Ceuta no puede permitirse desaprovecharlo.
