Parece que David de la Encina ha llegado a la Delegación del Gobierno con las prioridades muy claras. En lugar de estrenar su mandato con decisiones contundentes para afrontar los graves problemas que arrastra Ceuta desde finales de julio, una de sus primeras actuaciones ha sido disponer que todos los organismos y servicios dependientes de la Delegación trabajen el próximo martes, coincidiendo con la visita de los Reyes de España. Una decisión que, cuanto menos, resulta llamativa y que vuelve a poner sobre la mesa una pregunta: ¿estamos ante un delegado dispuesto a defender los intereses de Ceuta o ante otro socialista más preocupado por cumplir las directrices de sus superiores?
Parece que David de la Encina ha llegado a la Delegación del Gobierno con las prioridades muy claras. En lugar de estrenar su mandato con decisiones contundentes para afrontar los graves problemas que arrastra Ceuta desde finales de julio, una de sus primeras actuaciones ha sido disponer que todos los organismos y servicios dependientes de la Delegación trabajen el próximo martes, coincidiendo con la visita de los Reyes de España. Una decisión que, cuanto menos, resulta llamativa y que vuelve a poner sobre la mesa una pregunta: ¿estamos ante un delegado dispuesto a defender los intereses de Ceuta o ante otro socialista más preocupado por cumplir las directrices de sus superiores?
La visita de Felipe VI y Letizia debería ser una jornada de orgullo, ilusión y celebración para todos los ceutíes. Una ocasión histórica para mostrar el cariño que esta ciudad siente por la Corona y su profundo sentimiento de pertenencia a España. Sin embargo, mientras se invita a la ciudadanía a participar en este acontecimiento, los trabajadores de la Administración General del Estado se encuentran con la obligación de acudir a sus puestos de trabajo. Cuesta entender que no se haya buscado una fórmula que permita compatibilizar los servicios esenciales con la participación de los empleados públicos en una jornada tan especial.
Lo verdaderamente preocupante es el mensaje político que transmite esta decisión. Ceuta lleva más de dos meses soportando las consecuencias de una crisis migratoria extraordinaria, con problemas de seguridad, presión sobre los servicios públicos y una economía seriamente perjudicada. Y mientras seguimos esperando respuestas eficaces del Gobierno de Pedro Sánchez, el nuevo delegado parece más interesado en demostrar disciplina administrativa que sensibilidad hacia una ciudad que necesita gestos, pero sobre todo soluciones.
Nadie discute que los servicios públicos deban funcionar ni que determinadas responsabilidades no puedan detenerse por una visita institucional. Pero gobernar también consiste en tener cintura, sensibilidad y capacidad para interpretar el momento. No todo se resuelve aplicando el calendario laboral con rigidez. Precisamente ahora, cuando Ceuta necesita sentirse respaldada por las instituciones del Estado, habría sido deseable una decisión que facilitara la participación ciudadana sin perjudicar los servicios imprescindibles.
David de la Encina acaba de aterrizar y ya tiene una magnífica oportunidad para demostrar que no ha venido simplemente a obedecer a Ferraz o a Moncloa. Porque Ceuta no necesita otro delegado sumiso, dispuesto a asentir ante cualquier decisión que llegue de Madrid. Necesita una voz firme, capaz de defender a los ceutíes incluso cuando eso incomode a sus compañeros de partido. Ojalá nos equivoquemos, pero este comienzo no invita precisamente al optimismo.