Ceuta se moviliza de nuevo por una sanidad digna, y esta vez Ceuta Ya! ha anunciado su participación en la manifestación del 19 de febrero. No es para menos: la situación sanitaria en la ciudad es insostenible, con una falta crónica de médicos, listas de espera interminables y un INGESA que sigue sin ofrecer soluciones reales. Pero, más allá de los problemas estructurales, hay una figura que debería estar dando la cara y no lo hace: la delegada del Gobierno, Cristina Pérez.
Ceuta se moviliza de nuevo por una sanidad digna, y esta vez Ceuta Ya! ha anunciado su participación en la manifestación del 19 de febrero. No es para menos: la situación sanitaria en la ciudad es insostenible, con una falta crónica de médicos, listas de espera interminables y un INGESA que sigue sin ofrecer soluciones reales. Pero, más allá de los problemas estructurales, hay una figura que debería estar dando la cara y no lo hace: la delegada del Gobierno, Cristina Pérez.
Desde que consideró el cargo, su papel ha sido el de una mera espectadora de la debacle sanitaria. No la hemos visto alzar la voz en Madrid, ni exigir recursos ni presionar al Ministerio de Sanidad para que deje de tratar a Ceuta como una ciudad de segunda. Su silencio es cómplice de una gestión que condena a los ceutíes a la precariedad sanitaria, y eso es inaceptable.
Si algo ha quedado claro en estos meses es que la delegada no está aquí para defender a Ceuta, sino para seguir las directrices de su partido sin cuestionar nada. Mientras tanto, la gente sigue sin especialistas, sin médicos suficientes en los centros de salud y con un hospital que funciona a medio gas. Y todo, con la indiferencia de quien debería estar dando la batalla por mejorar esta realidad.
Por eso, la manifestación del 19 de febrero no solo debe ser un grito en favor de una sanidad digna, sino también un clamor por la dimisión de quien ha demostrado no estar a la altura del cargo. Ceuta necesita una delegada que pelee, que exija, que se enfrente a Madrid si es necesario. Lo que no puede permitirse es seguir con alguien que ni dice ni hace nada mientras la ciudad se hunde en el caos sanitario.
Es hora de cambiar las cosas, y la primera en irse debería ser Cristina Pérez.
