Lo de Ceuta no es solo una tragedia, es un escándalo que clama al cielo. Un policía local, con antecedentes más que suficientes como para no portar un arma, acaba asesinando a su mujer. Y aquí no pasa nada. Dos veces se le retiró la pistola. Dos. ¿Y aun así la recuperó? ¿Quién firmó eso? ¿Quién miró hacia otro lado? Porque esto no es mala suerte, esto huele a cadena de irresponsabilidades.
Lo de Ceuta no es solo una tragedia, es un escándalo que clama al cielo. Un policía local, con antecedentes más que suficientes como para no portar un arma, acaba asesinando a su mujer. Y aquí no pasa nada. Dos veces se le retiró la pistola. Dos. ¿Y aun así la recuperó? ¿Quién firmó eso? ¿Quién miró hacia otro lado? Porque esto no es mala suerte, esto huele a cadena de irresponsabilidades.
Señor Vivas, gobernar no es solo cortar cintas y dar discursos. Gobernar también es dar la cara cuando las cosas se hacen mal, y aquí se han hecho rematadamente mal. No tomar decisiones contra quienes tenían la obligación de evitar esto —consejero, superintendente o quien corresponda— es, en la práctica, asumir que todo vale. Y no, no todo vale cuando hay una vida destrozada y una familia rota para siempre.
A los ceutíes esto nos va a costar dinero, sí, pero eso es lo de menos. Lo grave es el mensaje: que los errores no tienen consecuencias, que la negligencia política sale gratis. ¿De verdad nadie va a dimitir? ¿Nadie va a asumir responsabilidades en serio? Porque lo que ha ocurrido no es un fallo menor, es una cadena de decisiones que terminó en muerte.
Y la oposición, ¿dónde está? ¿De perfil otra vez? Porque el silencio también es una forma de complicidad. Si no son capaces de alzar la voz ante algo así, entonces ¿para qué están? Ceuta no puede permitirse una clase política que solo reacciona cuando le conviene.
Esto no puede quedar así. No debería. Porque si lo dejamos pasar, si miramos hacia otro lado como han hecho otros, entonces sí que estamos perdidos. Ceuta merece algo mejor. Y, sobre todo, la memoria de María de los Ángeles exige algo más que este silencio vergonzoso.
