Hablar de igualdad entre españoles queda estupendamente en los discursos, pero esa igualdad se pone a prueba cuando un ceutí necesita un especialista y descubre que vivir al otro lado del Estrecho sigue pesando demasiado. La sanidad de Ceuta depende directamente del Estado a través del INGESA y, después de años escuchando anuncios, planes y promesas, continúa existiendo un problema que no se arregla con propaganda: atraer médicos es difícil y conseguir que se queden lo es todavía más. Las continuas convocatorias para cubrir plazas de Medicina de Familia, Pediatría, Cirugía y otras especialidades demuestran que la cobertura de profesionales sigue siendo una cuestión central.
Hablar de igualdad entre españoles queda estupendamente en los discursos, pero esa igualdad se pone a prueba cuando un ceutí necesita un especialista y descubre que vivir al otro lado del Estrecho sigue pesando demasiado. La sanidad de Ceuta depende directamente del Estado a través del INGESA y, después de años escuchando anuncios, planes y promesas, continúa existiendo un problema que no se arregla con propaganda: atraer médicos es difícil y conseguir que se queden lo es todavía más. Las continuas convocatorias para cubrir plazas de Medicina de Familia, Pediatría, Cirugía y otras especialidades demuestran que la cobertura de profesionales sigue siendo una cuestión central.
El Ministerio puede exhibir sus cifras, y algunas son objetivamente positivas. INGESA asegura que Ceuta cerró 2025 con 94 días de espera quirúrgica frente a los 121 de media nacional y sostiene que la plantilla ha crecido en los últimos años. Bienvenido sea. Pero una estadística favorable no puede convertirse en una cortina que tape las dificultades estructurales de una ciudad extrapeninsular. De hecho, el propio INGESA mantiene convocatorias específicas para incorporar facultativos y ha tenido que reforzar recientemente el Área Sanitaria con nuevas contrataciones.
Aquí está la pregunta que Madrid lleva demasiado tiempo sin responder de manera convincente: ¿qué se ofrece para que un especialista elija Ceuta y, sobre todo, construya aquí su futuro profesional? Una plaza de difícil cobertura no deja de ser difícil porque aparezca publicada en un boletín. Hacen falta incentivos económicos realmente competitivos, estabilidad, carrera profesional, facilidades de vivienda y desplazamiento, formación, investigación y condiciones suficientemente atractivas para compensar las particularidades geográficas de Ceuta. No necesitamos médicos de paso; necesitamos profesionales que quieran quedarse.
Y mientras administración y sindicatos mantienen sus conflictos, el ciudadano observa la pelea desde el peor lugar posible: la sala de espera. Este mismo 24 de septiembre se ha convocado una huelga sanitaria de 24 horas en Ceuta, mientras INGESA defiende que la ciudad dispone de una plantilla orgánica de 1.051 plazas y que en agosto llegó a superar los 1.400 profesionales contratados. Son datos que deben ponerse sobre la mesa, igual que las reivindicaciones laborales, pero ninguna batalla administrativa puede hacer olvidar quién debe estar en el centro del sistema: el paciente.
Ceuta no pide una sanidad de lujo. Pide algo bastante más elemental: que su código postal no determine la facilidad con la que puede acceder a determinadas especialidades. El Estado gestiona directamente esta sanidad y, por tanto, no puede buscar excusas en ninguna comunidad autónoma. Si cuesta retener médicos, habrá que pagar, incentivar y organizar mejor; y si las medidas actuales no bastan, habrá que cambiarlas. Lo inadmisible sería acostumbrarnos a que cruzar el Estrecho siga formando parte, demasiadas veces, del tratamiento.