La Sentencia
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Resulta difícil tomarse en serio que Instituto Nacional de Gestión Sanitaria presuma de que Ceuta es el área “mejor dotada” en Salud Mental de toda España cuando los propios profesionales y colectivos sociales están contando una película muy distinta. No se trata de una guerra de relatos, sino de hechos: mientras desde los despachos se habla de excelencia, en los pasillos se respira saturación, precariedad y una sensación creciente de abandono.

Resulta difícil tomarse en serio que Instituto Nacional de Gestión Sanitaria presuma de que Ceuta es el área “mejor dotada” en Salud Mental de toda España cuando los propios profesionales y colectivos sociales están contando una película muy distinta. No se trata de una guerra de relatos, sino de hechos: mientras desde los despachos se habla de excelencia, en los pasillos se respira saturación, precariedad y una sensación creciente de abandono.

La realidad, según trasladan quienes trabajan a diario en la unidad, es que no se ha reforzado la plantilla pese al aumento evidente de la demanda asistencial. No han llegado más especialistas; simplemente se ha cubierto una baja. Y eso, en un contexto en el que cada vez más personas necesitan atención psicológica y psiquiátrica, no es precisamente para sacar pecho. Si de verdad se está “mejor dotado”, cuesta entender cómo se sostiene el servicio con los mismos efectivos que el año pasado.

A eso se suma la ausencia de terapeutas ocupacionales y una atención que recae básicamente en un equipo mínimo: enfermera, auxiliar y celador. Como si fuera poco, la seguridad solo está plenamente garantizada por la mañana, aunque la actividad continúa por la tarde y la noche. No parece la mejor carta de presentación para un servicio que debería ser especialmente sensible y seguro, tanto para pacientes como para trabajadores.

Las deficiencias materiales tampoco ayudan a reforzar el optimismo oficial. Espacios reducidos y mal organizados, varios profesionales compartiendo zonas que no reúnen condiciones adecuadas, almacenamiento de ropa que genera malos olores constantes y hasta cableado por el suelo que ya ha provocado caídas. Las puertas de seguridad vulneradas con facilidad y un puesto de enfermería mal ubicado completan un panorama que, más que ejemplar, suena preocupante y potencialmente contrario a la normativa de prevención de riesgos laborales.

Ante todo esto, lo mínimo exigible al Ingesa es transparencia y autocrítica. No basta con lanzar mensajes tranquilizadores a la opinión pública si no se corresponden con lo que viven trabajadores y pacientes. La sanidad pública no necesita maquillaje ni titulares grandilocuentes; necesita inversión real, planificación seria y respeto por quienes sostienen el sistema cada día, especialmente en un ámbito tan delicado como la salud mental en Ceuta.

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Ceuta, Miercoles 05 de Agosto del 2026

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