Ceuta vuelve a anunciar empleo, vivienda y convivencia como prioridades para 2026. El titular es correcto, pero llega con retraso. Empleo y vivienda debieron ser la prioridad real desde el primer día de este Gobierno, no un recordatorio tardío cuando el problema ya se ha cronificado y la paciencia de la gente empieza a agotarse.
Ceuta vuelve a anunciar empleo, vivienda y convivencia como prioridades para 2026. El titular es correcto, pero llega con retraso. Empleo y vivienda debieron ser la prioridad real desde el primer día de este Gobierno, no un recordatorio tardío cuando el problema ya se ha cronificado y la paciencia de la gente empieza a agotarse.
Si de verdad son lo primero, este año exige medidas firmes y visibles. No más diagnósticos ni planes a medio plazo. La falta de trabajo y el acceso imposible a la vivienda llevan demasiado tiempo golpeando a la ciudad, y resulta difícil de entender que algo tan básico se reactive ahora como si fuera una novedad.
Sobre la convivencia, conviene ser claros y no esconder el debate bajo palabras bonitas. En Ceuta es habitual que, cuando no se logra una ayuda, un puesto o una respuesta favorable, algunos sectores recurran automáticamente a la acusación de racismo. No es una crítica a una comunidad entera, sino a una dinámica que se repite y que acaba desgastando cualquier intento de diálogo serio.
Mientras ese discurso se use como arma y no como reflexión honesta, la convivencia queda bloqueada. Y por eso puede esperar. Primero empleo, primero vivienda. El Gobierno haría bien en centrarse en resolver lo esencial y dejar de maquillar la realidad con agendas futuras. Porque Ceuta no necesita más excusas, necesita hechos.
