Que más de un centenar de familias puedan quedarse sin plaza para escolarizar a sus hijos en escuelas infantiles no es una incidencia puntual ni una simple consecuencia de la demanda. Es el retrato de una planificación insuficiente y de una política educativa que vuelve a llegar tarde a las necesidades reales de Ceuta.
Que más de un centenar de familias puedan quedarse sin plaza para escolarizar a sus hijos en escuelas infantiles no es una incidencia puntual ni una simple consecuencia de la demanda. Es el retrato de una planificación insuficiente y de una política educativa que vuelve a llegar tarde a las necesidades reales de Ceuta.
La cifra de 116 niños y niñas sin plaza, denunciada en los últimos días, merece una respuesta inmediata, rigurosa y pública. No basta con anunciar convocatorias, abrir plazos o repetir que se trabaja en la ampliación de recursos. Cuando una familia busca una plaza de 0 a 3 años no está solicitando un privilegio: está intentando conciliar, trabajar y ofrecer a su hijo una oportunidad educativa desde los primeros años de vida.
Ceuta no puede permitirse normalizar que la educación infantil sea una carrera de obstáculos. Mucho menos cuando arrastra desde hace años graves problemas de fracaso escolar y desigualdad educativa. Dejar fuera a decenas de menores en la etapa más temprana no corrige esa realidad: la agrava. La prevención empieza antes de Primaria, mucho antes de que aparezcan el absentismo, el retraso curricular o la desconexión del sistema.
El Gobierno de Juan Vivas debería asumir que esta situación no se resuelve con discursos sobre la prioridad de la educación. Las prioridades se demuestran con plazas, profesionales, recursos y planificación. Y ahí la Ciudad vuelve a exhibir una preocupante distancia entre los anuncios y la realidad de las familias.
La falta de plazas en escuelas infantiles tampoco puede analizarse de forma aislada. Se suma a la insuficiente atención a la enfermería escolar, una carencia que afecta al bienestar, la seguridad y la inclusión de muchos alumnos. Una ciudad que presume de cohesión social no puede dejar a menores sin aula y, al mismo tiempo, tratar como secundaria la presencia de profesionales sanitarios en los centros educativos.
La educación no admite excusas administrativas. Cada plaza que falta es una familia obligada a improvisar; cada recurso que se demora es una oportunidad que se pierde. Ceuta necesita menos propaganda y una política educativa que, de una vez, deje de llegar tarde.
