Esto ya se pasa de castaño oscuro, otra vez la misma historia de siempre: dos médicas más agredidas por uno de esos pacientes que piensan que tienen derecho a todo, menos a respetar. ¿Hasta cuándo vamos a aguantar este circo? Es que parece que los que están ahí fuera se olvidan que los médicos también son personas. Tienen sus problemas, sus días malos, y encima están ahí para ayudarnos, ¿y así se lo agradecemos?
Esto ya se pasa de castaño oscuro, otra vez la misma historia de siempre: dos médicas más agredidas por uno de esos pacientes que piensan que tienen derecho a todo, menos a respetar. ¿Hasta cuándo vamos a aguantar este circo? Es que parece que los que están ahí fuera se olvidan que los médicos también son personas. Tienen sus problemas, sus días malos, y encima están ahí para ayudarnos, ¿y así se lo agradecemos?
Ya va siendo hora de decirlo claro y alto: esto no puede seguir así. No es la primera vez que ocurre, y si seguimos mirando para otro lado, no será la última. Este problema es como el pan de cada día, y la verdad, ya cansa. Cada dos por tres, te enteras de otro ataque a personal sanitario.
No es solo cuestión de seguridad, es cuestión de dignidad. Los médicos, las enfermeras, todo el personal de salud se merece un mínimo de respeto, de consideración. Y claro, también necesitan protección. Que se pongan más guardias, más seguridad, lo que haga falta. Pero que no se les deje solos ante el peligro.
Todos pasamos por momentos difíciles, pero no por eso vamos por ahí golpeando a la gente. Es cuestión de educación, de civismo. De entender que la persona que tienes delante también tiene su vida, sus problemas, y está haciendo su trabajo.
Aquí necesitamos un cambio de mentalidad, y ya. Hay que enseñar desde pequeños que la violencia no lleva a nada bueno, que hay otras maneras de resolver las cosas. Y por supuesto, hay que ser duros con los que se pasan de la raya. Que agredir a un médico, a un profesor, a cualquiera que está ahí para ayudarte, no puede salir gratis.
Queremos soluciones, y las queremos ya. Que nuestros médicos puedan trabajar tranquilos, sin miedo a que el próximo paciente sea el último que vean en el día. Porque la salud es un derecho, y también lo es trabajar en paz.
