La escena se repite y, por desgracia, ya no sorprende como debería: este lunes, la Delegación del Gobierno en Ceuta volvió a guardar un minuto de silencio por las dos últimas mujeres asesinadas por violencia de género. Un gesto solemne, necesario, pero insuficiente frente a una realidad que sigue golpeando con la misma crudeza de siempre. Con estas confirmaciones, ya son 40 mujeres asesinadas en España en 2025. Cuarenta vidas truncadas. Cuarenta historias que no deberían estar en ninguna estadística.
La escena se repite y, por desgracia, ya no sorprende como debería: este lunes, la Delegación del Gobierno en Ceuta volvió a guardar un minuto de silencio por las dos últimas mujeres asesinadas por violencia de género. Un gesto solemne, necesario, pero insuficiente frente a una realidad que sigue golpeando con la misma crudeza de siempre. Con estas confirmaciones, ya son 40 mujeres asesinadas en España en 2025. Cuarenta vidas truncadas. Cuarenta historias que no deberían estar en ninguna estadística.
Cada minuto de silencio es un recordatorio de la tragedia, sí, pero también de la urgencia. Y es ahí donde la sociedad no puede mirar hacia otro lado. La violencia machista no es un problema ajeno, ni un asunto “doméstico”, ni un tema que pertenezca sólo a los titulares. Está en nuestras calles, en nuestros barrios y, sobre todo, en la responsabilidad que cada uno tiene de no tolerar ni justificar ni una sola agresión.
Por eso conviene recordar —y repetir hasta el cansancio— que los recursos existen y funcionan. El 016, el email Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo., el WhatsApp 600 000 016 y el chat web están disponibles las 24 horas, todos los días. No dejan rastro en la factura y ofrecen acompañamiento, orientación y asesoramiento jurídico entre las 8 y las 22 h en 53 idiomas, además de servicios adaptados para personas con discapacidad. No son simples números: son puertas abiertas para quien necesita salir de un infierno.
Pero por muy completos que sean estos recursos, nunca serán suficientes si las víctimas sienten que están solas, o si su entorno no sabe (o no quiere) ver lo que ocurre. Hablar, escuchar, acompañar y creer a quien pide ayuda es, muchas veces, el primer eslabón para romper la cadena de la violencia. Y todos —instituciones, medios, ciudadanía— formamos parte de esa cadena.
Hoy Ceuta ha guardado silencio. Ojalá mañana podamos levantar la voz lo suficiente como para que no tengamos que volver a hacerlo por la misma razón. Porque cada minuto de silencio simboliza una vida perdida. Y ya van 40 demasiadas.
