El Sindicato Médico de Ceuta ha decidido sumarse a la huelga del 23 de mayo contra el borrador del nuevo Estatuto Marco, y no es para menos. El texto que se pretende aprobar no solo ignora las necesidades del colectivo médico, sino que amenaza con precarizar aún más sus condiciones laborales. En una ciudad donde la falta de profesionales ya es un problema crónico, proponer cambios que empeoren la estabilidad, los turnos de guardia y el reconocimiento de las especialidades es, como mínimo, irresponsable.
El Sindicato Médico de Ceuta ha decidido sumarse a la huelga del 23 de mayo contra el borrador del nuevo Estatuto Marco, y no es para menos. El texto que se pretende aprobar no solo ignora las necesidades del colectivo médico, sino que amenaza con precarizar aún más sus condiciones laborales. En una ciudad donde la falta de profesionales ya es un problema crónico, proponer cambios que empeoren la estabilidad, los turnos de guardia y el reconocimiento de las especialidades es, como mínimo, irresponsable.
La sanidad no es un sector cualquiera. No se puede legislar sobre ella con criterios economicistas o burocráticos, como si de una administración más se tratara. Los médicos necesitan seguridad en su trabajo, condiciones dignas y una formación continua garantizada. Cualquier intento de recortar estos derechos repercutirá directamente en la calidad de la atención que reciben los ciudadanos. No se trata de privilegios, sino de sentido común: un médico agotado, desmotivado y sin respaldo institucional es un médico que difícilmente podrá ofrecer el mejor servicio a sus pacientes.
Lo más preocupante es la desconexión entre quienes redactan estas normas y quienes tienen que aplicarlas en el día a día. Si el colectivo médico rechaza unánimemente este borrador, ¿por qué no se les escucha? ¿Quién mejor que ellos para saber qué necesita el sistema sanitario? En lugar de imponer reformas desde un despacho, sería más sensato abrir un diálogo real con los profesionales que sostienen la sanidad pública con su esfuerzo diario.
El problema es que, al final, los grandes perjudicados en todo esto serán los pacientes. Cada vez que un médico renuncia por las condiciones laborales, cada vez que una consulta se retrasa por falta de personal, cada vez que un turno de guardia sobrecarga a un facultativo, la calidad asistencial se resiente. La sanidad no puede permitirse más parches ni más improvisaciones. Escuchar a los médicos es, en definitiva, cuidar de todos.
