La Sentencia
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Las Medallas de la Autonomía deberían ser uno de esos pocos reconocimientos capaces de generar consenso. Premiar a quienes han dejado una huella profunda en Ceuta es una forma de agradecer públicamente su contribución a la ciudad. Por eso, cuando se anuncian los galardonados, no todas las decisiones tienen el mismo peso ni despiertan la misma sensación de justicia.

Las Medallas de la Autonomía deberían ser uno de esos pocos reconocimientos capaces de generar consenso. Premiar a quienes han dejado una huella profunda en Ceuta es una forma de agradecer públicamente su contribución a la ciudad. Por eso, cuando se anuncian los galardonados, no todas las decisiones tienen el mismo peso ni despiertan la misma sensación de justicia.

Hay nombramientos que nos parecen impecables. El equipo de cuidados paliativos del INGESA merece cualquier reconocimiento que se le quiera otorgar. Hablamos de profesionales que acompañan a las personas y a sus familias en los momentos más duros, cuando ya no hay espacio para los titulares ni para los aplausos. Alivian el dolor, ofrecen dignidad y aportan humanidad. Pocas labores son tan necesarias y tan poco reconocidas.

Tampoco tenemos nada que objetar al homenaje póstumo a Mizziam. Fue una persona comprometida, cercana y que dedicó buena parte de su vida a defender aquello en lo que creía. Su legado permanece en la memoria de muchos ceutíes. Es cierto que también podríamos citar a otros nombres de la vida política y social de la ciudad que algún día deberían recibir una distinción similar, pero su inclusión en esta lista resulta perfectamente entendible.

Donde nos cuesta encontrar una explicación convincente es en la elección del imán Adil Mohamed. No cuestionamos ni su trayectoria ni su labor religiosa. Lo que nos preguntamos es qué méritos específicos relacionados con Ceuta justifican que reciba una de las máximas distinciones de nuestra autonomía. Si su labor más conocida y reconocida se desarrolla en Madrid, parece lógico pensar que sería allí donde debería llegar un reconocimiento de estas características. Sinceramente, nos cuesta comprender la decisión.

Y ese es precisamente el problema. Las medallas tienen valor cuando representan algo excepcional y cuando los criterios para concederlas son claros para todos. Cuando las decisiones generan más preguntas que respuestas, el prestigio del galardón se resiente. Y eso acaba perjudicando incluso a quienes sí son merecedores indiscutibles de la distinción. Porque una Medalla de la Autonomía no debería servir para alimentar sospechas de oportunismo, sino para reconocer méritos que nadie tenga que explicar.

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Ceuta, Miercoles 05 de Agosto del 2026

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