Ceuta ha decidido cambiar la pólvora por drones en sus grandes fiestas y, aunque a algunos les cueste aceptar el cambio, probablemente la ciudad salga ganando. Las tradiciones no desaparecen por evolucionar; simplemente aprenden a convivir mejor con la realidad actual.
Ceuta ha decidido cambiar la pólvora por drones en sus grandes fiestas y, aunque a algunos les cueste aceptar el cambio, probablemente la ciudad salga ganando. Las tradiciones no desaparecen por evolucionar; simplemente aprenden a convivir mejor con la realidad actual.
Los fuegos artificiales forman parte de muchos recuerdos, pero también generaban problemas reales para personas con autismo, mayores, bebés y animales. Durante años se normalizó un estruendo que para muchos vecinos suponía angustia más que celebración.
La tecnología ofrece ahora espectáculos visuales igual de impactantes y mucho menos agresivos. Quizá no huelan a pólvora ni retumben en el pecho, pero permiten unas fiestas más inclusivas y adaptadas a una sociedad que empieza a entender que divertirse no debería implicar molestar a los demás.
Ceuta no pierde esencia por apagar petardos. La convivencia también puede convertirse en tradición.
