Es difícil creer que a estas alturas sigamos viviendo en Ceuta como si estuviéramos en otra época, con cortes de luz, normalmente en la periferia aunque esta vez haya sido en el centro, que dejan a la ciudad a oscuras durante horas. No es la primera vez, ni mucho menos la última, que nos enfrentamos a esta situación. Pero lo más indignante es la inacción de quienes tienen en sus manos la solución. ¿De verdad nadie puede arreglar esto?
Es difícil creer que a estas alturas sigamos viviendo en Ceuta como si estuviéramos en otra época, con cortes de luz, normalmente en la periferia aunque esta vez haya sido en el centro, que dejan a la ciudad a oscuras durante horas. No es la primera vez, ni mucho menos la última, que nos enfrentamos a esta situación. Pero lo más indignante es la inacción de quienes tienen en sus manos la solución. ¿De verdad nadie puede arreglar esto?
No hablamos solo de incomodidades menores, como tener que alumbrarnos con velas o sacar las linternas del móvil. Estos cortes afectan a negocios que pierden ingresos, a familias que ven interrumpidas sus rutinas y a personas mayores o dependientes para quienes la electricidad es una necesidad básica. Es una situación que ya no puede considerarse anecdótica: es una vergüenza que pone en evidencia la falta de compromiso con la calidad de vida de los ceutíes.
¿Dónde están las respuestas? ¿Qué pasa con las promesas de inversión en infraestructuras eléctricas? Las excusas ya no sirven, porque esto no es un problema que haya surgido ayer. La falta de planificación y mantenimiento en la red eléctrica está llevando a Ceuta a un punto de saturación. Y lo peor es que nadie parece dispuesto a asumir responsabilidades.
Los ceutíes nos merecemos algo más que parches temporales y buenas palabras. Es hora de que quienes tienen competencias en este ámbito actúen con la diligencia que la ciudadanía exige. Porque si no se resuelve este problema de raíz, lo único que seguirá encendiéndose en Ceuta será la indignación de sus habitantes.
Ya basta de dejadez. Queremos luz, pero también claridad en las gestiones. ¿Es mucho pedir?
