La Sentencia
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Lo que está pasando con el señor Vivas y la plaza de la Secretaría General parece más un chiste malo que una gestión seria de lo público. UGT denunció que la actual secretaria no cumplía los requisitos legales para ocupar el cargo, y una sentencia dejó claro que no podía seguir. Hasta ahí, la justicia hablando alto y claro. Pero lejos de asumirlo, el gobierno local optó por cambiarle el nombre al puesto y convertirlo en Oficial Mayor, como quien mueve una ficha en el tablero para esquivar la norma.

Lo que está pasando con el señor Vivas y la plaza de la Secretaría General parece más un chiste malo que una gestión seria de lo público. UGT denunció que la actual secretaria no cumplía los requisitos legales para ocupar el cargo, y una sentencia dejó claro que no podía seguir. Hasta ahí, la justicia hablando alto y claro. Pero lejos de asumirlo, el gobierno local optó por cambiarle el nombre al puesto y convertirlo en Oficial Mayor, como quien mueve una ficha en el tablero para esquivar la norma.

El problema es que la jugada tampoco coló. De nuevo UGT acudió a los tribunales y, otra vez, llegó una sentencia diciendo que tampoco podía ocupar ese nuevo puesto. Blanco y en botella. Pues bien, en lugar de rectificar y buscar a alguien que sí cumpla los requisitos, el señor Vivas ha decidido volver a nombrarla secretaria general. Así, sin sonrojo. Como si las resoluciones judiciales fueran simples sugerencias.

Esto ya no es solo una cuestión técnica o administrativa. Es un mensaje preocupante: que la ley está para interpretarla según convenga y que las sentencias pueden rodearse con un simple cambio de despacho. Y mientras tanto, el respeto a las instituciones se resiente. Porque cuando quien gobierna actúa como si la ley fuera moldeable, la confianza ciudadana se resquebraja.

Y en todo este embrollo, la oposición parece estar en modo silencio. ¿De verdad nadie va a decir nada? ¿Nadie va a exigir explicaciones claras y responsabilidades políticas? La ciudadanía merece algo más que miradas hacia otro lado. Y cabe preguntarse también si UGT volverá a denunciar. Visto lo visto, no sería extraño.

Lo que sí es seguro es la sensación que queda: vergüenza. Vergüenza por el espectáculo, por el desprecio implícito a la justicia y por esa costumbre tan arraigada de hacer y deshacer como si nada. Gobernar no es burlar sentencias; es cumplirlas, aunque no gusten.

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Ceuta, Miercoles 05 de Agosto del 2026

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