La Sentencia
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Que el Partido Popular proponga hacer de la lectura una materia obligatoria desde Primaria hasta Bachillerato suena, de entrada, a una de esas ideas que no deberían generar demasiada discusión. Y, sin embargo, la genera. En un país donde muchos jóvenes reconocen que no leen por placer —y donde escribir bien empieza a parecer casi una habilidad “extra”—, apostar por la lectura no es un capricho: es una necesidad.

Que el Partido Popular proponga hacer de la lectura una materia obligatoria desde Primaria hasta Bachillerato suena, de entrada, a una de esas ideas que no deberían generar demasiada discusión. Y, sin embargo, la genera. En un país donde muchos jóvenes reconocen que no leen por placer —y donde escribir bien empieza a parecer casi una habilidad “extra”—, apostar por la lectura no es un capricho: es una necesidad.

La realidad en las aulas es clara. Hay estudiantes que llegan a cursos avanzados con dificultades serias para comprender un texto o para expresarse con cierta soltura por escrito. No se trata solo de aprobar exámenes; hablamos de entender el mundo, de poder argumentar, de no quedarse fuera de una conversación por falta de herramientas básicas. Y ahí la lectura juega un papel clave, casi insustituible.

Convertirla en asignatura obligatoria puede parecer una imposición, pero también es una forma de garantizar igualdad. Porque no todos los alumnos tienen en casa un entorno que fomente el hábito lector. La escuela, en ese sentido, debería compensar esas diferencias. Leer no solo mejora la ortografía o el vocabulario; también despierta el pensamiento crítico y la imaginación, dos cosas bastante necesarias hoy en día.

Eso sí, no basta con obligar a leer. La clave estará en cómo se haga. Si se convierte en otra materia pesada, llena de exámenes y resúmenes mecánicos, el efecto puede ser el contrario. La lectura tiene que enganchar, despertar curiosidad, conectar con los intereses de los estudiantes. De lo contrario, será otra obligación más que cumplir sin ganas.

En cualquier caso, la dirección parece acertada. Fomentar la lectura es invertir en ciudadanos más preparados, más críticos y, en definitiva, más libres. Y viendo el nivel que a veces encontramos —con jóvenes que leen poco, escriben peor y entienden lo justo—, cualquier medida que empuje en esa dirección no solo es bienvenida, sino urgente.

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Ceuta, Miercoles 05 de Agosto del 2026

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