Hay una pregunta que estos días se repite en redes sociales: ¿cómo valoramos la gestión de Juan Vivas ante la crisis migratoria y el deterioro de la sanidad? La respuesta debería ser bastante sencilla: valoramos a cada responsable por aquello que está dentro de sus competencias. Y en esto conviene no hacerse trampas al solitario. El presidente de la Ciudad no tiene las competencias para ordenar el retorno de los inmigrantes que llegan a Ceuta ni para solucionar directamente los problemas de la sanidad pública, porque ambas materias dependen esencialmente del Estado.
Hay una pregunta que estos días se repite en redes sociales: ¿cómo valoramos la gestión de Juan Vivas ante la crisis migratoria y el deterioro de la sanidad? La respuesta debería ser bastante sencilla: valoramos a cada responsable por aquello que está dentro de sus competencias. Y en esto conviene no hacerse trampas al solitario. El presidente de la Ciudad no tiene las competencias para ordenar el retorno de los inmigrantes que llegan a Ceuta ni para solucionar directamente los problemas de la sanidad pública, porque ambas materias dependen esencialmente del Estado.
Otra cosa muy distinta es la defensa de Ceuta, de sus intereses y de las necesidades de los ceutíes. Ahí sí está Vivas, y ahí no hay excusas competenciales que valgan. Es su obligación como presidente de la Ciudad reclamar al Gobierno, exigir soluciones, levantar la voz cuando sea necesario y defender a los ceutíes ante una situación extraordinaria. No hay que presentarlo como un héroe por hacerlo, pero tampoco se le puede exigir que haga aquello para lo que legalmente no tiene capacidad.
Por eso resulta bastante tramposa esa especie de examen general de gestión que algunos pretenden hacerle ahora. Si la pregunta es si Vivas ha resuelto la crisis migratoria o si ha arreglado la sanidad, la respuesta es evidente: no puede resolver directamente ninguna de las dos cosas porque no son competencias de la Ciudad. Y si la pregunta es si está obligado a defender a Ceuta ante esas situaciones, la respuesta vuelve a ser igual de clara: sí, absolutamente. Para eso sí tiene una responsabilidad política que debe asumir y sobre la que puede y debe ser juzgado.
Lo que resulta menos comprensible es el empeño de algunos de sus allegados en convertir cada declaración, cada reclamación o cada gesto en una especie de hazaña política digna de aplauso. Vivas no necesita que nadie lo presente como el salvador de Ceuta por cumplir con su obligación. Esa propaganda de consumo interno, pensada para alimentar redes sociales y buscar el aplauso fácil, termina insultando la inteligencia de los propios ciudadanos. Un presidente no merece una medalla por hacer aquello para lo que fue elegido.
Y quizá convendría empezar a hablar con un poco más de seriedad. A Vivas habrá que exigirle que defienda Ceuta con firmeza, que reclame al Estado lo que corresponda y que esté a la altura de las circunstancias. Pero también habrá que exigir responsabilidades a quienes realmente tienen las competencias para solucionar la inmigración, la sanidad y los demás problemas que afectan a la ciudad. Ni Vivas puede hacerlo todo, ni puede ser responsable de todo. Y convertirlo en héroe o villano por aquello que no está en sus manos no es política: es electoralismo.