La Ciudad ha anunciado la licitación del proyecto para levantar 102 viviendas públicas en Pozo Rayo, pero en Ceuta ya nadie se emociona con los titulares. Aquí los anuncios urbanísticos duran menos que una rueda de prensa y las promesas acaban atrapadas entre informes, mesas técnicas y despachos donde siempre falta una firma. Mientras tanto, los vecinos siguen esperando algo tan básico como una vivienda digna.
La Ciudad ha anunciado la licitación del proyecto para levantar 102 viviendas públicas en Pozo Rayo, pero en Ceuta ya nadie se emociona con los titulares. Aquí los anuncios urbanísticos duran menos que una rueda de prensa y las promesas acaban atrapadas entre informes, mesas técnicas y despachos donde siempre falta una firma. Mientras tanto, los vecinos siguen esperando algo tan básico como una vivienda digna.
La sensación es que la burocracia se ha convertido en una máquina perfecta para desesperar a cualquiera. Entre la secretaria general revisando licitaciones eternamente y políticos que parecen tener miedo hasta de coger un bolígrafo, la ciudad avanza a cámara lenta. Nadie quiere asumir responsabilidades y todos se protegen detrás del “procedimiento administrativo”.
El problema es que detrás de esos expedientes hay familias reales. Jóvenes que no pueden independizarse, matrimonios atrapados en alquileres imposibles y personas que llevan años aguardando una oportunidad. Pero en vez de ver grúas y ladrillos, lo único que aparecen son titulares reciclados y anuncios que vuelven una y otra vez sin materializarse.
Ceuta necesita menos fotos y más obras. Menos discursos triunfalistas y más operarios trabajando sobre el terreno. Porque las viviendas públicas no pueden seguir siendo una maqueta electoral que se enseña cada cuatro años y desaparece después de las elecciones.
